Revista digital de Artes escénicas -Año 9º-

“Peter Grimes” en el Teatro Real

Ópera en un prólogo, tres actos y un epílogo con música de Benjamin Britten y libreto de Montagu Slater, basado en un poema de la colección The Borough (1810) de George Crabbe. Estrenada en el Sadler’s Wells Theatre de Londres el 7 de junio de 1945. Estrenada en el Teatro Real el 15 de noviembre de 1997. Ahora llega una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Royal Opera House Covent Garden de Londres, la Opéra national de Paris y el Teatro dell’Opera de Roma. Saludada como la ópera inglesa más importante desde los tiempos de Henry Purcell, el éxito de la obra resultó decisivo en la consolidación del nombre de Britten como compositor y en el despliegue posterior de su talento operístico, hasta llegar a convertirse en un referente indiscutible del siglo XX. Britten construyó una oscura parábola acerca del conflicto entre la masa y el individuo. El ambiente marino, la rudeza de las vidas y de las pasiones y el carácter complejo e impenetrable del protagonista terminan de configurar una tragedia que se va gestando lentamente y estalla sumida en el estruendo de los silencios y las habladurías. A veces resulta complicado escribir sobre propuestas que se ven en la cartelera madrileña porque todos sabemos lo difícil y costoso que resulta poner en pie un espectáculo, por eso trato de sacar lo positivo de aquellas obras que veo día tras día. Cuando me encuentro ante “Peter Grimes” y no me gustaría que se piense que tiene mas riqueza escénica porque se estrena en el coliseo madrileño o porque pueda contar con un gran presupuesto para su realización. Lo que me gustaría destacar es cuando la inteligencia entra en juego en todos los sentidos, para desgranar una historia aparentemente sencilla que nos habla de algo tan profundo como es el ser humano ante la sociedad y esta cuando anula al individuo ante el temor de lo intangible. Esta historia podría haberse contado cayendo en tópicos, llenando de efectos técnicos la escena y sin embargo, todo se repliega a lo esencial, a un equipo de cantantes actores que no salen a lucirse si no a expresar con todo lo que está en su mano, a un grupo de actores y al coro que se fusionan y no sabes quien es personaje o quien canta. A una orquesta dirigida con temple para que acompañe la acción de forma sutil. Y a todo el equipo que ha participado dentro y fuera de la escena para que una farola sola en medio del escenario, con un cantante tumbado en un rincón alcance cotas sublimes. Ivor Bolton dibuja el aire con la música y Deborah Warner se vuelve invisible para acompañar cada color de su paleta de pinturas. Lo dicho, a veces valdría la pena dejar de querer figurar para desaparecer en favor del arte.

Adolfo Simón

Crítica: «Peter Grimes» de Britten en el Teatro Real bajo la dirección de  Ivor Bolton

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