El Festival Suma Flamenca explora la dialéctica entre ‘Tradición y Vanguardia’ en su vigésima edición.
El festival de arte jondo de la Comunidad de Madrid se celebrará del 14 de octubre al 2 de noviembre con un total de 46 galas flamencas, diecisiete de ellas estrenos absolutos y dieciocho estrenos en Madrid El Ateneo acogerá como anticipo del festival la exposición ‘Duende, tradición y vanguardia’ de la fotógrafa Ana Torralva del 1 de octubre hasta el 29 del mismo mes
Una mesa redonda moderada por Pedro Calvo y tres ponencias sobre la dialéctica tendrán cita en la Sala Anselma del Ateneo del 1 al 4 de octubre
Teatros del Canal, los Centros Culturales Pilar Miró y Paco Rabal de Vallecas, el Teatro Real Coliseo Carlos III de San Lorenzo de El Escorial, el Real Monasterio de El Paular en Rascafría, el Centro Comarcal de Humanidad de La Cabrera, el Teatro de la Abadía y el Ataneo de Madrid serán sedes de este festival Como preámbulo del festival, Suma Flamenca Joven volverá a tener sede en la Sala Verde de los Teatros del Canal, con una cita dedicada a los jóvenes solitas del cante, la guitarra y el baile en cuatro galas programadas del 25 al 28 de septiembre

«Cometa» en el Centro de Danza Matadero.
Sobre un transbordador espacial, casco en mano, una cosmonauta. COMETA es una viajera inesperada que nos invita, a través de su curiosidad y sus descubrimientos, a mirar nuestro entorno con ojos nuevos. Con ella nos embarcaremos en una aventura galáctica para redescubrir y maravillarnos con la fuerza de la gravedad, las posibilidades del movimiento y el poder de la empatía.
Un montaje que transcurre a un palmo del público, dispuesto en círculo. La pieza va de lo didáctico al juego corporal para terminar invitando a todos los asistentes a formar parte de una experiencia de danza luminosa.
Adolfo Simón

«Eco» en Madrid en Danza/Teatro de la Abadía.
Eco: reflexión del sonido, de un pensamiento y una acción, de la esencia de aquello que nos hace ser. El juego de lanzar y encontrar ese obstáculo que nos devuelve lo que hemos proyectado. El rebote. Aquello que te da una segunda oportunidad tras un lanzamiento -aparentemente- fallido.
Una pieza en la que las referencias clásicas quedan de fondo, como ese eco que a veces envía nuestra voz hacia otros paisajes. Aquí, todo tiene una raíz conocida que se desenfoca en cada número del espectáculo para reconstruirse.
Adolfo Simón

«Parques» en el Teatro del BARRIO.
En los parques puede ocurrir cualquier cosa, la mejor experiencia y la más terrible.
En el Teatro del BARRIO, este fin de semana hubo ración doble de parque. Por un lado, el viernes en sesión de noche, Paloma de Parque, segundo espectáculo en solitario de Clara Ingold que versa sobre la autodestrucción, como individuos y como sociedad, codirigido por Josep Orfila. Una fiesta ácida para que el público se ría y disfrute con espíritu crítico. Clara se transforma en los personajes precisos para realizar una propuesta que no deja indiferente a nadie.
Y el sábado, el nuevo estreno de la Compañía Canti Vaganti: «Carnaval de la vida», pieza musical que transcurre en un parque mágico inspirado en el arte povera. Allí, acuden dos ángeles que se transformarán, gracias a la complicidad del público, en múltiples personajes, para mostrar la otra cara de la luna, allí donde los perdedores y los frágiles tienen un lugar donde vivir.
Adolfo Simón

«Condenada belleza del mundo» en el Teatro ESPAÑOL.
En el relato del autor, el director y el guionista luchan contra el paisaje, contra el equipo humano y especialmente contra sus fragilidades para narrar la historia de un encuentro. El actor y la actriz principal luchan contra sus propias inseguridades y cansancios para contar algo hermoso. El director de fotografía y el cámara luchan contra los recursos técnicos, los medios limitados y los egos de dirección para capturar algo de belleza.
Un juego meta teatral en el que se combina la narración de la historia con una instalación objetual que complementa poéticamente la escena. Un viaje imaginativo con el que se invita al público a rememorar otro tiempo y otra forma de hacer cine.
Adolfo Simón

«La increíble historia de Juan Latino» en el Teatro de la Zarzuela.
La increíble historia de Juan Latino es una zarzuela pasticcio barroca acerca de uno de los personajes más fascinantes del siglo XVI: un esclavo negro que alcanzó el respeto y la fama gracias a su talento y a un amo que supo ver en él a un hermano. Pero ante todo es una fiesta de música y teatro, una invitación a la tolerancia y al respeto, una evocación del mestizaje sonoro y visual de la España de los Siglos de Oro.
Un montaje preciosista que se representa en el ambigú del Teatro, en un espacio acondicionado para que el público pequeño de las familias disfrute de la música y el canto en directo, además de descubrir una historia que se conoce poco y que habla de lo importante que es dar oportunidad a toda persona, sea cual sea su condición.
Adolfo Simón

«La patética» en el Teatro Valle Inclán/CDN.
Madrid, 2025. Pedro Berriel, un director de orquesta de 53 años, se encuentra inmerso en la grabación de la Sinfonía Nº 6 de Chaikovski. Tan concentrado está en su tarea, que asume con naturalidad que el compositor ruso siga con atención los ensayos a su lado. Pero tal vez, la verdadera razón de este delirio sea que el director se encuentra en la fase terminal de una terrible enfermedad. La angustia por culminar la obra artística que, de alguna manera, suponga una resistencia a su propia muerte, se mezcla con la angustia real que esta le produce.
Si supiéramos cuando moriremos el día que nacemos, seguramente, viviríamos a contra reloj, no saber la fecha del final nos hace sentirnos eternos, que podremos con todo mientras dure la existencia. Ha de llegar el «aviso» para darnos cuenta de lo frágiles que somos, para reconocer que la existencia es un sueño enloquecido, una pesadilla maravillosa de la que no despertamos al final. Saber que todo va a terminar nos permite perder la cordura y ver con mayor claridad lo que es importante y lo que no, tal vez demasiado tarde…y ahí aparece el teatro, que nos permite ver lo patéticos que podemos ser creyendo que seremos invencibles. Un montaje sobre el final de muchas cosas pero que, como en toda buena comedia, el horror se soporta mejor con humor.
Adolfo Simón

«Los brutos» en la Sala Francisco Nieva/CDN.
‘Violento, rudo, carente de miramiento y civilidad’, esa es la definición de bruto que da la RAE. Y así es, de alguna manera, el mundo de Nito: el barrio donde vive, la gente que lo rodea. Por eso, su entrada en la escuela de cine para estudiar guion lo lleva a dar un salto hacia otra vida, artística y sofisticada.
Vamos al teatro para que nos cuenten historias, no importa si son verdad o mentira, si tienen un principio potente o un final flojo, la clave está en que nos lleven a otro lugar, más allá de nuestra realidad; seguro que es el mejor antídoto para evadirnos y reconciliarnos con nuestra biografía. Bruto es alguien brusco pero también es el material con el que se encuentra el montador de cine y sobre el que ha de seleccionar para dejar los mejores fragmentos en la cinta final, sin duda, el montador es una pieza clave para que la historia tenga sentido, emocione y nos haga vibrar, como pasa en este «montaje», lleno de momentos de mágica poética.
Adolfo Simón

«Viaje hasta el límite» en el Teatro ESPAÑOL.
En la España de los años cincuenta, en un elegante chalet de las afueras de una gran ciudad, vive Pedro, un acaudalado empresario que se encuentra postrado en una silla de ruedas. Su enfermedad, aparentemente incurable, le ha convertido en un hombre con un carácter irritable y hosco que hace muy difícil la vida a su familia. La aparición de El Intruso, un atractivo oportunista que propone una inversión de grandes dimensiones, convierte la casa en un volcán de conflictos y pasiones extremas. Las pretensiones económicas de su hijo Alberto y las ganas de vivir de Gloria, su bella y joven mujer, conducirán a Pedro a despojarse de sus bienes terrenales.
El ser humano solo se descubre a fondo cuando está en situaciones límites, no importa las condiciones sociales ni la educación recibida, todos tenemos una parte oscura que sale a la luz para destruir y mostrar lo peor de nosotros. En esta obra todo parece que está en orden pero el desorden habita en la trastienda. Una propuesta elegante para mostrar las dos caras de la luna, como la tienen los personajes.
Adolfo Simón



















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