EL ENCUENTRO: la Transición a examen en el Teatro Alhambra.
Resulta lógico que las circunstancias actuales por las que atraviesa España nos lleven a revisar con ojo crítico ese tan apasionante como debatible período de la historia reciente llamado Transición. Como el teatro siempre ha sido un medio privilegiado para dar respuesta y alimento a la realidad inmediata, no ha tardado en ofrecer obras de calidad que hagan al espectador testigo de esa revisión histórica. Eso es precisamente El Encuentro: la dramatización de un hecho histórico que nos invite a debatir el momento actual.
El texto de Luis Felipe Blasco, que le hizo ganador del premio andaluz de teatro en 2014, recrea un imaginario encuentro entre Santiago Carrillo y Adolfo Suárez —aunque el autor se cuida de que las identidades no queden nunca explícitas, solamente sugeridas— en el difícil momento de acercar posturas y sembrar el camino hacia la democracia. A lo largo de una noche de diálogo franco y tensión, aparecerán ante el espectador los grandes temas del momento histórico, ya sea a modo de arma arrojadiza o de defensa: ETA, Paracuellos, el asesinato de Carrero Blanco, la posibilidad de la legalización del partido comunista… El diálogo entre el presidente del gobierno con una trayectoria dentro del franquismo más que reprochable y un Carrillo exiliado y con ánimo de venganza es ágil e interesante, meritorio. El autor ha sabido huir muy bien del tono panfletario en el que podía haber fácilmente caído, de manera que el choque de trenes que supone tal encuentro es por encima de todo, y como decía al principio, una excelente invitación a la reflexión. José Manuel Seda y Joxean Bengoetxea están bien en sus respectivos papeles, el primero labrando un Suárez encantador de serpientes, seductor, y el segundo un Carrillo contenido pero firme, una especie de bloque frío abrumado por la desconfianza.
Dirigida por Julio Fraga, se asiste a una puesta en escena sencilla, efectiva, pensada para explotar los momentos de humor, que actúan como hábil desengrasante de la artillería verbal que se despliega en los setenta minutos de espectáculo. Una propuesta más que recomendable, que hemos podido disfrutar en Granada como parte de la programación del Teatro Alhambra y que seguirá girando.
Rafael Ruiz Pleguezuelos


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