IN SU CHELU SIAT de la compañía teatral “LUCIDO SOTTILE” en Fringe 14
De entre las sesenta propuestas de ámbito internacional (Alemania, Argentina, Colombia, España, Francia, Italia, Portugal, etc.), que este año han ocupado los espacios más tentadores del Matadero, dedico unas destacadas líneas por su verdad, a una creación dramatúrgica que brinda al “peregrino público” emociones encontradas a través de un histriónico lenguaje corporal, una irreverente propuesta audiovisual y reflexivos discursos, en la robada y viva lengua sarda, contaminada de pensamiento contemporáneo y creatividad, sobre la ausencia de espiritualidad en las religiones occidentales: IN SU CHELU SIAT de la compañía teatral “LUCIDO SOTTILE” (creada por Tiziana Troja y Michela Sale Musio), presencia italiana en el Festival de Artes Escénicas FRINGE 2014.
Partiendo de la fábula decimonónica “Pinocchio” de Carlo Collodi, la compañía nos cautiva con una serie de poéticos pasajes cargados de fuerza dramática.
Acertada la elección de la compañía, ya que resulta un deleite la lectura de la narración del cocinero del Marqués de la Toscana, en la que Maese Cereza regaló un tronco hablador al carpintero Geppetto, que rodeado de penalidades: hambre, frío, soledad…, decidió tallar la extraña madera para obtener algún beneficio. Y tallando y tallando, hizo un muñeco que ¡cual Dios creador! acabaría convirtiendo por amor en “su hijo”: un ser con vivarachos ojos, nariz puntiaguda que crecía y crecía al compás de mentiras proyectadas en su desvergonzada boca, rematada con una barba. Todavía inacabado -sin orejas-, al cobrar vida, decidió que su primera acción fuese la ofensa al padre; apareciendo entonces un grillo parlante que, advirtiéndole de las consecuencias de hacer el mal, fue amorosamente asesinado por Pinocho. A pesar de su empeño, no pudo contener el manantial de la conciencia, guía permanente del protagonista, que prefirió apartarse una y otra vez del camino trazado por la experiencia, para avanzar raudo por el sendero de la vida propia, ese que conduce inevitablemente a la muerte. Encadenando conflictos cargados de sufrimiento, se salvó de morir ahorcado en la Encina Grande, a manos de unos codiciosos ladrones –el Gato y el Zorro-, tras implorar compasión a una niña blanca de cabellos añil: “El Hada Azul”.
Sacerdotes de cualquier religión, ataviados con sotana negra y cuello blanco almidonado, abren el espectáculo diciendo a la expectante audiencia que “todos los seres de esta tierra están admitidos en este lugar santo, sin distinción alguna, y que el camino directo a la cumbre es siempre cuesta arriba, no tengáis miedo, el ojo limpio siempre ve la salida del sol”… y haciendo entrega a cada persona del público, de una imagen sacra estereotipada y de un rosario, del que separan con unas tijeras la cruz que pende de la parte final, apropiándosela una sacerdotisa: “qui la croce non può entrare”. Este camino sin retorno, se inicia tras la apertura de unas pesadas puertas que conducen al “público-peregrino”, dirigido por los Padres/Madres Espirituales (Angelo Trofa, Valentina Fadda y Vanessa Podda ¡ni siquiera esta iglesia puede negar la presencia femenina!) por un angosto camino, carente de luz. A lo largo del recorrido, diversas apariciones obligan a detenerse:
El Grillo Parlante/Santa María Mercedes López (una locuaz Antonella Puddu), que hace una advertencia: “en este lugar no se puede comprar a Dios, aquí solo podemos sentirlo y entenderlo. ¡Quedaos escuchando vuestros propios sentimientos! La religión es el alma del mundo, acosado y sin corazón ¡El opio del pueblo! Empezad a drogaros de vosotros mismos, porque Dios está dentro de cada uno de nosotros! Si cada ser humano contuviese la divinidad,… ¿me equivoco si digo que no habría espacio para mediadores?
Geppetto/ San Francisco (Daniele Meloni), despojado de todo lo mundano para dedicarse a la oración, nos habla de la entrega. Habiendo Geppetto vendido su abrigo, el único refugio para el frío invierno, para alimentar con un huevo a Pinocho, pide desgarradoramente a un “público-esfinge” un huevo por persona para erradicar el hambre en el mundo. Me libero de todo, no necesito nada… “Cayó el cielo dentro de mí”. Siendo tan pequeños, no podemos más que reclamar nuestra condición espiritual y elevarla por encima de cualquier otra cosa por Amor. Esto fue lo que comprendió el de Asís. En la ausencia de ego hallamos el único camino que puede aproximarnos a la perfecta Felicidad.
Santos Padres Pedófilos/ El Gato y el Zorro, atrapados en la tristeza y la penitencia, fueron apedreados por cometer un atroz pecado. Piden clemencia al público, justificando su acción como la representación terrenal del amor de Dios y ellos el medio para ese “noble fin”. Como el gato y el zorro del cuento de Collodi, quedarán definidos por sus palabras: “engañar es nuestro trabajo”. ¿Acaso puede la iglesia reconciliarse con Dios? ¿Pueden acaso los hermanos sacerdotes afligidos por dificultades que obstaculizan el don divino reparar el daño causado? Infantofilia, el daño se llama infantofilia… el público contempla inerte la escena. Todavía siento sus manos, su cuello, su aliento, el sudor de su cuerpo pegado al efebo… Tristeza… ¡Mienten! Repugnancia… ¡Mienten! Celibato…
Todo es calma… El “público-peregrino” juega con los Padres lanzándose globos de colores!
Los niños de Fátima/ El Campo de los Milagros, la danza y la alegría cobran vida en esta escena en la que de la mano de dos niñas y un niño, todo es posible, los sueños se tornan en realidad, o… ¿no? El juego, la risa de una niña, me devuelven la paz perdida.
Jesús y María Magdalena/ Pinocho y el Caracol, Jesús-Pinocho, una escuálida figura barbada con pies de chivo, a la que da vida Michela Sale Musio, que carga con una larga nariz, impuesta por el diablo, y con una pesada cadena alrededor del cuello, es juzgada y condenada por los sacerdotes a morir en una enorme cruz. ¿La cruz no puede entrar golpea en mis sienes?… Ante la exuberante voz de Alessandra Leo, espíritu puro de rojos tules, teñidos de lascivia y lujuria por las mundanas creencias de los hombres, llora y se desespera gritando: “Padre… ¿por qué me has abandonado?
Así como la marioneta de Pinocho muere para convertirse en un niño de carne y hueso, Jesús-Pinocho reza usando las palabras del comienzo del salmo 22, a través de las cuales expresa, no solo el sentimiento de abandono por parte de Dios, sino también la seguridad de su presencia en medio de su pueblo.
Todos los seres humanos miramos al cielo en busca de consuelo, esperamos una respuesta… somos iguales ante los ojos de Dios. Jesús manifiesta su condición humana: “soy uno con todos vosotros”. En este momento de sufrimiento y abandono por los hombres, confiesa su confianza en la íntima presencia divina, en el padre, haciendo referencia al sufrimiento del pueblo de Israel, ese mismo que ahora contempla como sus gobernantes cambian las aves del cielo palestino por drones. Jesús carga sobre sí el dolor y la pena de todos los hombres oprimidos por el mal.
El Obispo con el Guardia y Pinocho, el máximo cargo de la iglesia católica, un aterrador y manipulador ser (Felice Montervino), desde las alturas dirige el país, sometiendo como dóciles marionetas no solo a los otros poderes fácticos, sino a todo el público asistente. “Sacerdotes destruyeron la inocencia de los niños, sacerdotes llevaron a la mendicidad a los más débiles con la promesa de la vida eterna. Sacerdotes clavaron en la cruz al verdadero Cristo, vendiendo luego los clavos y la madera de la cruz”.
El Hada Azul/ La Virgen María, personaje medular en la vida de Jesús-Pinocho, ajena a la belleza arquetípica y a una edad eterna, en un íntimo y reducido encuentro con el público, en un espacio lleno de fantasía, color y olor a frescas flores… ironiza sobre la realidad de ese “santo lugar”. Sabiamente, como si de un preciado secreto se tratase, la imponente presencia escénica de Tiziana Troja, confiesa que “en casa del herrero, cuchillo de palo”.
Mentira, codicia, injusticia… la condición humana y la posibilidad de transformación: en la nobleza de corazón está el verdadero milagro.
El padre espiritual Angelo, despedirá a un desconcertado público con dulces palabras: “Que los caminos se abran ante ustedes. Que el sol brille cálido sobre vuestras caras. Que la lluvia caiga suavemente sobre vuestras conciencias. Y, hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te tenga en la palma de su mano”. Repitiendo cual coreografiado mantra: mente, espíritu, corazón.
Al recoger la entrada en la taquilla, un llamativo cartel alertaba de que la obra podía “herir la sensibilidad del público” ¡Cierto! Enfrentarse a la verdad, causa dolor. Hiere la autenticidad de la propuesta, heredera de “Holy Peep Sow”, haciendo uso de un lenguaje universal, que conecta con públicos que agradecemos no ser engañados.
Paloma Martín


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