Censura al cartel de Yerma en los autobuses de Madrid
Es difícil tratar de opinar sobre el artículo acerca de la censura del cartel de Yerma sin caer en la demagogia. Resulta alarmante, increíble, asusta, que a estas alturas de la película alguien pueda sentirse ofendido por una pintura que evoca a una mujer desnuda. Estamos hartos de ver todo tipo de aberraciones en los telediarios, en los carteles publicitarios que empapelan la ciudad, oímos salvajadas que son eslóganes publicitarios que venden basura y la compramos, nos comen el cerebro y damos las gracias, pero una insinuación de las partes púdicas de la mujer nos da dentera. Creo que quien sea el representante de la empresa de autobuses que se ha quejado por eso es un verdadero hipócrita, un machista y un retrógrado. Más que asombro (que también) e indignación, me produce lástima. Ojalá no hubiera tanta ignorancia inundando el país, ojalá fuera verdad que hemos ampliado horizontes y abriendo las mentes después de la castradora dictadura.
Qué pena que sea todo mentira. Que se ningunee la cultura, el arte y la libertad a favor de la represión y la violencia. Es violento que un equipo de artistas no pueda manifestarse como quisiera, sin dañar a nadie, sólo con la mera intención de transmitir, como ese cartel coartado hacía.
Nora


Vuelve el tío Paco con la tijera… volverán a prohibir ¿¿¿»El último Tango en Paris»???
1 de febrero de 2013 en 16:55