El régimen del pienso de La Zaranda
Todos vamos a terminar como moscas pegadas al cristal…
Todos vamos a terminar metidos en una bolsa de basura…
Todos vamos a terminar siendo el dios del establo.
Sí, porque el pienso no nos va a hacer pensar con más lucidez…
el pienso de bocas insaciables…
el pienso que deja hueca las cabezas y las almas…
En teatro pocas veces existe el milagro…la magia o el duende maltrecho de unos cómicos transitando por el precipicio del dolor y la carcajada. En este país de cerdos tras ventanillas mohosas que aspiran a colarse en el traje de un muerto y comerse sus gusanos, en este país…existe La Zaranda, un grupo de seres ambulantes que van llenando los escenarios de poesía y objetos imposibles. Por suerte para algunos…existe…La Zaranda. Y de nuevo, como cada cierto tiempo, se instalan en algún teatro de la ciudad para dejar suspendidas sus frases y lamentos…sus fantasmas y rituales. En El régimen del pienso, su último trabajo, todo está en estado de gracia…El texto, el espacio escénico, los intérpretes, la puesta en escena…El teatro en mayúsculas. Quedan apenas unos días para ver a estos espectros de otro tiempo, nadie que ame el teatro debería perderse su función porque nos hablan de lo esencial para el hombre de hoy, para el de siempre.
Adolfo Simón




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