Liturgia de un asesinato de Verónica Fernández en La casa de la portera
Hay una excelente película de Jaime Chavarri llamada Desencanto que muestra los restos del naufragio de una familia donde el patriarca fue una pieza clave del franquismo. En Liturgia de un asesinato de Verónica Fernández asistimos a la autopsia psicológica de una familia donde, tras un crimen, descubrimos que no solo se heredan cosas materiales si no que también se hereda el mal y la crueldad. Como en las tribus ancestrales, la familia es el centro del universo para lo bueno y para lo malo. En La casa de la portera el público siempre está activo pero en esta ocasión, empatizamos con el investigador que va desvelando los hechos presentes y desempolvando los fantasmas del pasado, ese horror escondido entre los pliegues de la memoria y así, vamos componiendo el puzle que nos permitirá tener la catarsis que el protagonista experimenta. Al final, no termina la rabia cuando muere el perro porque en los genes se traspasa la herencia de la monstruosidad y el daño.
Adolfo Simón


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