Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

Luciérnagas de Carolina Román en el TDA

Tras unos segundos deambulando por las sombras, Julio aparece en mitad de una luz para invitar al público a entrar en la que, para él y su hermano menor, fue mucho más que una casa. Ya no parece vivir nadie en ella, pero todos los rincones contienen para él cierta historia: cierta memoria. Todo, desde la cocina a los catres, desde el teléfono que corona una torre de libros a la vieja rueda que hace de columpio, parece hablarle en un idioma que nosotros, el público, aun no comprendemos. La historia y los personajes que la pueblan, de los que seremos testigos durante los siguientes noventa minutos, nos ayudaran a entenderlo. Es un idioma que habla de afectos y deseos, de necesidades y compromisos, de grandes sonrisas y algún que otro desaliento. Un lenguaje que como las luciérnagas es “mitad luz y mitad escarabajo incombustible”. De la mano de la especial inocencia de Alex, la locuacidad huidiza de Lucia y la precoz madurez de Julio, aprendemos las primeras lecciones. Ellos son los que han construido ese lenguaje, se lo han cedido a los rincones de la escena y nosotros sólo entrevemos a medias. Su historia compartida nos va desvelando otras lecciones. Ésta trascurre a través de situaciones a las que hay que hacer frente. Sacan adelante las sorpresas diarias y giros que trae consigo toda vida aunque ello implique sobrevolar personales tragedias o aparcar pequeños dramas. Situaciones aparentemente cotidianas que irremediablemente les terminarán cambiando. Nosotros, el público, somos testigos de cómo se va conformando un mundo donde a veces la inocencia resulta algo cruda o la serenidad se desborda y roza la brutalidad; una historia donde las palabras desbocadas acaban apaciguadas dejando entrever algún secreto: algún silenciado y cotidiano abismo. Gracias a ello, la obra consigue que al final entendamos lo que le decían esos rincones a Julio. Comprendamos que le hablaban de la complejidad de los afectos.
Juan Antonio Marigilluciernagas

Deja un comentario