Tríptico Trágico: «Mirar a través del telón del tiempo»
¿Cómo debieron ser las representaciones de las tragedias en su tiempo?…Solo podemos especular sobre la forma y el sentido que tenían para la sociedad de entonces, lo que está claro es que, hoy en día, poco sentido tiene representar las obras de manera museística para mostrar el rito teatral y la función que tenían. Creo que el gran acierto del Teatro de la Ciudad ha sido el intento de averiguar, documentándose e indagando sobre aquel momento para tratar de responder a la pregunta de…¿Cómo habría que hacerlas hoy?…¿Cuál es la forma de hacernos llegar aquellas historias que siguen de plena actualidad?… El cruce de tres directores con poéticas distintas es un buen punto de partida porque garantiza contraste y diferencias en la manera de abordar este material. Las distintas fases que han realizado hasta la materialización de los espectáculos y los profesionales con los que han contado dentro y fuera de la escena, ha supuesto una inspiración que difícilmente habrían conseguido individualmente. Han recuperado la posibilidad de compartir con otros compañeros de viaje, las dudas y miedos en ese trayecto incierto que es la creación de una obra de arte. Por fin he podido ver las tres funciones resultantes, he estado atento a todo el proceso previo pero faltaba ver en qué se había materializado todo ello. Además de en las cuestiones artísticas, también se ha buscado un lugar común en la producción de esta experiencia y el elemento más visible es el espacio escénico único para las tres propuestas, un gigantesco telón negro que permite acotar el lugar de la tragedia, permitiendo que se vea lo que hay tras él; es la metáfora que resume este periplo…»Mirar a través del telón del tiempo».
Medea, la chamana de Andrés Lima
Aitana Sánchez-Gijón es Medea, ella es el elemento dramático que atraviesa la escena durante una hora y pico, transmutándose en los mil rostros de este personaje. Llega desde el patio de butacas, como si estuviese huyendo de una película de Rossellini y queda atrapada en las redes trágicas de la escena, ahí no tendrá más remedio que despojarse de las máscaras enquistadas a lo largo de todos estos siglos en su piel. Esta propuesta es la más ritualista, la que se apoya más en la narración épica y la catarsis física de la intérprete. Por momentos no reconocía a Aitana sumergida en esa fiebre chamánica con aroma de Medea Material.
Antigona, la crisálida de Miguel del Arco
Hay algo en el movimiento de los cuerpos en escena que me hacía pensar todo el tiempo en círculos rituales, como si se estuviera marcando el tempo en que se iba gestando la tragedia y la contaminación fatídica para la caída de todos los personajes al precipicio inevitable del horror. Prender la mecha de la injusticia obliga a que todos los seres dejen entreabrir sus impulsos más salvajes que terminarán devorando a todos sin piedad. Sobre el grupo humano está suspendida una flor maligna que trastorna sus comportamientos y que no permite la redención de ninguno de los habitantes de ese mundo de dolor.
Edipo, el anfitrión de Alfredo Sanzol
Buñuel está bajo la mesa ceremonial llenando de hormigas los zapatos de Edipo y sobre las cabezas de estos comensales malditos sobrevuela el ángel exterminador. Creo que la austeridad de la propuesta le va muy bien a la obra para que entendamos de manera profunda, hoy, lo que significa ser un invitado de piedra a la cena de su propio velatorio. La idea de coro como voces en canon y el reparto de roles según lo va necesitando la acción consigue que el cuento de este niño torpe que quiere huir de su destino para tropezarse con él a cada paso se vuelva transparente y hace que esta versión sea una de las más sorprendentes que he visto en mucho tiempo.
Espero que, el éxito conseguido en las funciones en el Teatro de La Abadía, ayuden a que la experiencia del Teatro de la Ciudad llegue hasta el último escenario de nuestro país y que vuelva en la próxima temporada para terminar de satisfacer a todos el público que no ha podido verlas.
Adolfo Simón




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