Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

Nada que perder en Cuarta Pared

Una de las características más preciadas del teatro contemporáneo (al menos para el que
escribe) es el compromiso que a menudo establece con la sociedad y su capacidad para remover
conciencias, funciones que entendieron muy bien Artaud, Brecht y los grandes escritores de la vanguardia, y que los dramaturgos españoles contemporáneos han sabido mantener viva. En esa búsqueda permanente de nuevas formas con las que vigilar, analizar y denunciar la realidad social encontramos este Nada que perder, pieza creada a partir de ocho interrogatorios muy distintos en tono e intención dramática que componen un puzzle hábilmente diseñado. Ajustando cada pieza, el espectador recompone una historia general que es espejo preciso –salpicado de humor, eso sí– de las historias de corrupción que afectan a políticos y empresarios con las que uno se desayuna cada mañana en este país. Por la pieza circulan concejales, funcionarios, un profesor de filosofía cansado de defender sus ideas y víctimas de los desahucios, componiendo un fresco que parte de planteamientos realistas para trascenderlos en una dramaturgia viva y vigorosa. Oportunamente repuesto por la Cuarta Pared, el texto y dramaturgia es debido a Quique y Yeray Bazo, Juanma Romero y Javier G. Yagüe, este último también ocupándose de la dirección.
Los tres actores (Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón y Pedro Ángel Roca) están francamente
bien, y hay que reconocerles el mérito de afrontar un nuevo personaje cada vez que cambiamos
de cuadro. El montaje es una recomendación porque sabe conjugar la denuncia social con el buen teatro, tiene ritmo y un diálogo bien medido, sin maniqueísmos ni excesos panfletarios, crudo cuando tiene que serlo y divertido cuando toca oxigenar al espectador. Estará en la Cuarta Pared de miércoles a sábado hasta el 29 de octubre.
Rafael Ruiz Pleguezuelos

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