Furiosa Escandinavia de Antonio Rojano en el Teatro Español
Estamos atrapados en peceras compartidas donde damos vueltas sin cesar esperando que el dolor se diluya en algún momento. Abrimos la boca sin parar, respirando y gritando en silencio para que alguien nos libere del laberinto sin fin del desamor y, desde una ventana alejada, James Stewart, con sombrero de cowboy, impasible, nos observa tras unos prismáticos.
Adolfo Simón


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