Cocina y narración Senegalesa
La comida es esa cosa tan común y necesaria del día a día que realmente poca son las veces en las que somos conscientes de lo que el comer conlleva consigo. A medida que nuestra civilización avanza y se endurece por el conocimiento y la llegada de la tecnología; la alimentación no podía verse ajena a sus efectos y es por eso que hoy día contamos con numerosas vertientes en cuanto a este tema concierne. Los bodegones en la pintura, la iconografía en el cine o la literatura, la experiencias gourmet o incluso la alimentación espacial… son corrientes de desarrollo que se han ido dando según el momento social de la época. Y es que la comida, indispensable para la vida, nos acompaña y acompañará por todo este absurdo viaje que va desde que nace el primer ser micro-biológico hasta que este se extinga en su totalidad.
En este caso, en pleno siglo XXI dónde los seres vivimos nos preocupamos por todo aquello que abarca la circunferencia de mi propio ombligo, tratando eso sí de estar a la ultima en tendencias alimentarias, olvidamos todo aquello que consideramos ajeno. Tratamos en muchas ocaciones el mestizaje como algo cool o alternativo, ¿quién no se ha pasado por los hindúes de las calles de Lavapies? ¿O por los mexicanos del Barrio de las Letras?. Ahora bien, me pregunto ¿cuantas personas son realmente conscientes de que el sencillo acto de comer lleva consigo mucho más que cubrir la necesidad nutricional?. Compartir una comida va de un acto social, de la unión de personas, que al rededor de una mesa, comparten durante un momento sus vidas. Personas de diferentes puntos del planeta, personas que arrastran su cultura allá a dónde van. Personas que preparan en sus recetas, la mismas que preparaban sus abuelos, los platos que marcan sus vivencias personales.
Cuando se juntan un mantero senegalés, un uruguayo cocinero, una madrileña feminista y una viejecita del portal de al lado; para prepara una cena, que cocinaran juntos y a posteriori disfrutaran; una se da cuenta de que las mayores diferencias ideológicas se reducen en saber si es la cantidad correcta de aceite. Una vez más, actividades como esta hacen que la conciencia se vuelva pregunta y que la reflexión invite a cuestionarnos si realmente las barreras están en las fronteras o en nuestras propias mentes.
Patricia Jorge


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