El florido pensil en el Teatro Marquina
Desde hace tiempo existe una técnica llamada «risoterapia» que ayuda a superar tiempos difícil y situaciones complicadas en las vivencias de las personas. Cuando alguien dice aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor», les sugeriría que fuesen a ver la obra «El florido pensil», bueno, animaría a que fuese a alguien con un concepto progresista de la humanidad, a los catastrofistas no. Los que ya tenemos una edad, sabemos lo que significaba entrar en un aula y tener la sensación de estar en un cuartel militar. La educación, en este país, durante aquellos funestos cuarenta años, consistió en aleccionar a los individuos en cómo tenían que pensar y sentir. Y para ello usaron todo lo que tenían a su alcance, la escuela, la radio, etc. Ver El florido pensil es una oportunidad para exorcizar alguno de aquellos fantasmas de los que hemos heredado muchos de nuestros tics sociales y democráticos. Y si es con humor, pues doblemente saludable. Esta versión femenina; tuve ocasión de ver también la masculina hace años, agudiza e ironiza sobre los decretos diarios con los que se nos inculcaba para ser «buen español». Hacía tiempo que no me reía tanto en cada una de las escenas donde las actrices juegan a ser alumnas y profesoras para transmitir ese código terrible de comportamiento. Núria González, Mariola Fuentes, Chiqui Fernández y África Gonzalbes están deliciosas en cada una de sus caracterizaciones, pero Esperanza Elipe llega a unos niveles de hilaridad y disparate fantásticos en la creación de la falangista despiadada. Si quieren mirar al pasado sin ira y reírse de los fantasmas que siguen durmiendo en el desván de la memoria, vaya a ver El florido pensil.
Y en Lagrada, todavía quedan funciones de «Mujer olvido» una pieza que recuperar la figura de María Teresa León que para aquellos que no la conozcan y que deberían conocerla, hagan, de ese modo, justicia a una mujer fascinante que fue invisibilizada durante mucho tiempo.
Adolfo Simón


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