Juegos para toda la familia en la Sala de la Princesa del CDN
Luis Buñuel en Viridiana sentó a unos sin techo a la mesa de la gran mansión que habían ocupado, una mesa que recordaba con gran acierto esa gran cena que todos hemos contemplado en múltiples ocasiones como paradigma de conciliación, aunque tuviese un traidor entre ellos. Ya, de manera inteligente, nos hablaba de la naturaleza humana, tan proclive a dejarse seducir por la belleza del mal. Era perturbador ver como todos podemos estar un día sentados allí con harapos y otro, con traje de seda…Y que lo que hay bajo las vestiduras, más allá de idiomas, fronteras y naturaleza, es muy parecido. En Juegos para toda la familia hay un texto y una puesta en escena transparentes, no da pie a equívocos, nos muestra las cosas como no las queremos ver, nos hace mirar lo que hay bajo la piel sensible de cada persona que es, una piedra que, con facilidad se hunde en el lodo si no se le da ocasión de sobrevivir al horror. Hay algo muy sugerente en esta pieza y es que no todos los cabos quedan cerrados y claros, hay espacios que no sabemos si forman parte de los roles del juego o son los personajes que mueven los hilos…¿Todos los que hacen el ritual al principio son «iguales» frente al juego o se parte con división de caracteres?¿Es la criada un personaje estanco que facilita la mecánica o es el rol que le ha tocado en esa partida? y, sobre todo…¿Dónde está el límite entre el teatro y la vida?. Juegos para toda la familia nos muestra lo que ocurre tras las paredes de los grandes palacios, esos donde el abuso y la especulación es el leit motiv diario, pero, sobre todo, nos hace reflexionar sobre esa «parte humana» que todos creemos tener y conservar intacta ante cualquier tentación…aunque la supervivencia a veces justifica cualquier atrocidad. Una obra que no puede dejar indiferente a nadie que la vea y que se irá tras la nuca de los espectadores durante días. Sigo pensando que, en la sala de la Princesa, es donde muchas veces veo el mejor teatro y de mayor riesgo del CDN.
Adolfo Simón


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