El amante en el Teatro Pavón Kamikaze
Imagino a Harold Pinter asistiendo a la versión que se presenta en el Teatro Pavón kamikaze, moviéndose por entre los «invitados» en el ambigú del teatro, sorprendido. Cuando Pinter escribió este texto, sin duda, lo hizo con el objetivo de desenmascarar una sociedad inglesa, burguesa e hipócrita que era capaz de convertir en teatro el día a día por no enfrentarse a sus íntimos deseos. Como se dice en un momento de esta adaptación…»Las máscaras para el teatro, en la vida no». Es muy sugerente, diría que desconcertante por momentos ese tiempo de fiesta con el que se nos recibe en el teatro, ese lugar donde empezar a aflojar las represiones para dejar aflorar, gracias a la música y la bebida, lo que todos amordazamos en nuestro interior: Los sueños prohibidos. Son unos minutos divertidos que nos irán disponiendo para el plato fuerte que llegará más tarde, en el teatro que se prolonga a partir de la casa moderna y confortable de la pareja de hoy de este renovado Amante. ¿Cómo sería y a quién iría dirigida esta historia si la escribiese hoy Pinter?, seguramente a esta clase joven y triunfadora, cargada de deseos amordazados que se disfrazan, como en el carnaval, durante un tiempo de teatro en la vida, pero, siempre hay un, pero…Abrir las puertas de desvanes cerrados durante mucho tiempo tiene su precio. Y aquí, lo que es un juego para ampliar el deseo y la libertad, se convierte en una cárcel de emociones y dependencias en las que no se distingue si uno es lo que siente o lo que representa. Una propuesta que hace viajar al público de la mano de los personajes…Tal vez…al salir del teatro…se pregunten…¿Quieres un amante?.
Adolfo Simón


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