Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

Cuaderno de bitácora del periplo americano

Cuando todavía siento el jet lang en mi cerebro…
Cuando todavía recuerdo la voz de la cantante negra de blues que nos despidió en los andenes del metro de New York…
Cuando todavía tengo en el paladar el sabor de los perritos calientes de la calle 42…
Cuando todavía veo en mis pupilas el horizonte amarillo de los maizales…
Cuando todavía vuelve a mi recuerdo el silencio de los laberintos de New Harmony…
Cuando todo lo vivido y experimentado en esta experiencia busca hueco en mi memoria…trato de recuperar fragmentos de ese puzle complejo y rico que ha sido este viaje a Indiana del Sur, un lugar que todavía sigo sin ubicar en el inmenso mapa de Estados Unidos y que prefiero dibujarlo en mi cerebro como si fuese un no lugar, un espacio que existe en el deseo de los que estuvimos allí para soñar un mundo utópico, una realidad mejor a la que nos obligan a vivir día a día…

El genial Francisco Nieva escribió «Los viajes forman a la juventud», pieza que tuve la suerte de llevar a escena, en ella se mostraba la otra cara del mundo a un joven fraile. Creo que no solo aprenden los jóvenes de los viajes, también los que ya tenemos algo que enseñar, podemos seguir aprendiendo si aprovechamos los trayectos no como un acto de colonialismo si no como esa oportunidad de llegar y descubrir para descubrirse a uno mismo. El teatro me ha ayudado a conocer otros mundos, otras realidades y de ese modo, conocerme más profundamente a mi mismo. Creo que viajar para creer que uno tiene algo imprescindible que aportar es un acto egocéntrico que evita la oportunidad de sorprenderse, de encontrar lo que tal vez ni se buscaba; para entender mejor a los otros y por ende, entender mejor como funcionamos en este mundo hostil que tan pocas oportunidades da para dialogar de verdad.

Viajar a Indiana del Sur era la oportunidad para conocer la tierra que pisan día a día unos compañeros de viaje que se acercaron a un pequeño pueblo de Cuenca hace dos años, al Centro Dramático Rural. Era necesario devolver la visita y saber de donde habían venido aquellos locos americanos para meterse un mes en un pueblo de Cuenca y vivir una experiencia teatral insólita en la Casa azul.

Durante el largo trayecto con múltiples controles de seguridad, ventanillas, aviones y aeropuertos que tuvimos que vivir para llegar hasta aquel remoto y exótico lugar, mi compañero de viaje, Luis García Grande y yo tratamos de poner distancia y humor a todas las incidencias que el periplo de tantas horas nos deparó…Por suerte, íbamos a llegar unos días antes y cuando empezase el Congreso ya estaríamos algo adaptados.

El primer encuentro en tierras indianas fue con el anfitrión de esta experiencia, David Hitchcock…apareció en el aeropuerto, no subido a un caballo, como lo podría haber hecho este loco quijote americano, llegó con un todo terreno para llevarnos a su casa, con su familia, para conocer el lugar donde sueña quimeras que termina haciendo realidad.

El primer día realizamos un recorrido por New Harmony y Evansville…para disfrutar del nuevo paisaje que tanto me recordó a secuencias vistas en series y películas que forman ya parte de nuestro imaginario.

Dos días faltaban para que empezase el Congreso y teníamos ya inquietud por encontrarnos en ese marco de pensamiento y creatividad, pero antes haríamos otra visita, en esta ocasión, a la granja de J.J. Epperson, otra de las intrépidas participantes que vino al programa de Historia del teatro español realizado en Mira hace dos años… Cada vez que he visto la película Gigante, siempre he pensado que los decorados debieron costar una millonada, pero, una vez visitadas estas tierras y sus granjas, con sus vacas y caballos cercados…cuando recuerdo la inmensidad de los terrenos donde viven, entiendo que hay decorados naturales que aparecen en las películas que son la realidad de aquel paisaje. Durante dos días vivimos como suelen hacerlo ellos, es decir, madrugando y realizando las tareas que les ocupa en su casa y su experiencia diaria. En este caso, como J.J. Epperson es profesora en un colegio de la zona, donde acuden los hijos de las familias que conforman las poblaciones de las inmediaciones y las granjas que ocupan la gran mayoría del territorio inmenso donde los maizales se funden con las grandes edificaciones, creando un lienzo en marrones, amarillos y ocres impactante. Acudimos a la escuela de J.J. Epperson que conocimos a fondo y en la que se llevan a cabo multitud de actividades de formación que son mostradas en el fin de semana, convirtiendo el lugar  en un centro cultural para los participantes y familiares. Nosotros asistimos a las sesiones con los grupos que estudian español, en la primera jornada establecimos un diálogo a través del cual compartimos nuestras peculiares formas de vida con ellos. En la segunda jornada, en esta escuela cuya estética  me hacía pensar todo el tiempo que estaba en el rodaje de Grease, hice una pieza de teatro de objetos: «Tierra» que mostré a los distintos grupos y que les hizo reflexionar sobre la necesidad de cambiar este mundo violento por un mundo más conectado con la naturaleza.

 

 

 

 

 

Contemporany Spanish Theater-Utopia,Dystopia&Myopia

De nuevo, transitar entre maizales e inmensas plantaciones, nos llevó finalmente a New Harmony. Este pequeño pueblo-ciudad tiene, como reza su nombre, armonía por todas partes, en el diseño de sus calles, en la arquitectura de sus casas, en el clima y el entorno…Es como acudir a un lugar que ha sido pensado para que allí «se viva» aunque se esté de paso. Un lugar tranquilo, sin bullicios de ningún tipo. Como la población es más bien mayor, el lugar está acondicionado para que les sea cómodo en todos los sentidos, no hay ninguna estridencia en su fisonomía y servicios. Allí íbamos a estar tres días, inmersos en un viaje al pensamiento y el diálogo a través de un programa intenso, lleno de atractivos en todos los paneles o propuestas de la cita.

La primera jornada tuvo una previa al inicio en la que, tras el acto inaugural, se leyeron las piezas «Toledo» de Luis Miguel González-Cruz y «El viaje de Adou» de Diana M. de Paco Serrano. Al día siguiente, ya en la primera sesión, a través de autores del Astillero, como Luis Miguel González Cruz y Raúl Hernández Garrido, recorrimos el último cuarto de siglo dramaturgico en España del que formamos parte otros autores y autoras que hemos sobrevivido a las dificultades y obstáculos que han surgido para que el teatro contemporáneo no estuviese ligado a la realidad que se vivía en nuestro país.

Tras el primer panel, se realizó el primer coloquio: ¿Distopías a autopías? La violencia de género y el potencial del arte teatral para efectuar cambio, el caso del proyecto «Heridas» organizado por Karla Razor y en el que participaron entusiastamente, Brizaida Medina-Vega, Rosalba Mendoza, Julieta Ortíz, Patricia Velasco y Gracias Morales, esta última, autora que formó parte del proceso de investigación y creación de «Heridas». Fue emocionante estar en el patio de butacas y oír como una idea que surgió hace años y que fue un viaje lleno de aprendizaje y sensibilización, sigue, a día de hoy, conmoviendo y despertando interés.

Una nueva lectura dramatizada se llevó a cabo a continuación, en esta caso, a través de un semi-montado donde el teatro y la danza se dieron la mano para hacer realidad el cuento ecologista «Benjú, el pequeño extraterrestre» que escribí hace años y que nunca imaginé que podía convertirse en una pieza deliciosa llena de color y creatividad gracias a la participación de Hani Kharouta, Conor Melvin, Isabel Moore, Paola Pérez Vega, Varshini Satoor, Ben Smith, Lily Boss,  Veronica Rodionova, Olivia Vincent y Olga Rodionova, con coreografía de esta última y dirección de Lorenna Boyle. La emoción que me embargó fue intensa, como pocas veces he sentido ante una obra mía.

Nuevos paneles sobre la obra de Diana M. de Paco Serrano, Aurora Mateos, Juan Mayorga y temas donde la utopía era el eje, con análisis de gran calado por parte de investigadores y estudiosos de la talla de Cerstin Bauer-Funke, Manuela Fox, Ana María Díaz Marcos, Ana Sánchez Acevedo, Osvaldo Sandoval, Gregary Racz, Alisón Guzmán, Phyllis Zatlin, Linda Materna, Simón Breden e Iulia Sprinceana

El último panel de la primera jornada tuvo tres miradas sobre mi trayectoria como autor. En primer lugar expuse la ponencia «Viajes dramatúrgicos imposibles». Al que siguió la exposición de J.J. Epperson cuyo titulo «Theatre in the I.2 Classroom», mostraba la influencia que ha tenido en su trabajo la experiencia de creación y pensamiento artístico que vivió en la estancia de creación en el CDR. El cierre lo realizó David Hitchcock, ideologo del Congreso, con la reflexión titulada: «El teatro de la inquietud profunda de Adolfo Simón» que de nuevo me emocionó profundamente al descubrir como un amante y conocedor profundo del teatro español, era capaz de encontrar discurso ético entre las líneas de mi obra.

Y para guinda de la primera jornada, pudimos asistir a la representación de «El amor y el trabajo» de María Folguera que, con su teatro de impacto visual y reflexión filosófica de la vida, bajó el telón del Congreso hasta el día siguiente.

La segunda jornada también llegó llena de propuestas interesantes. Paneles sobre la obra de Lola Blasco, Gracia Morales y Rafael Ruíz Pleguezuelos con introducciones de los autores y miradas profundas desde investigadores como Susan Berardini, Irine Lamartina-Lens, Antonio M. Morales Montoro, Jennifer Zachman, Rossana Faldini Zambrano, Núria Ibáñez, Pilar Pérez Serrano y Luis García Grande. Entre exposición y exposición se realizaban lecturas dramatizadas de textos de los autores sobre los que se estaba indagando a partir del título del Congreso, en su literatura dramática.

En el ecuador de la jornada la actividad pasó a un plano artístico donde se pudo disfrutar de la excelente propuesta escénica de «Casandra», obra de Diana M. de Paco Serrano en una propuesta valiente y esencial dirigida por Miguel Cegarra e interpretada por Marina Miranda que ejecuta un rito de trance poderoso. Otra opción escénica, desarrollada en la Galería de Arte New Harmony de Art Contemporary fue «Books», pieza de teatro de objetos mostrada a un público reducido, entre obras de arte, en una sesión íntima que se volvió a repetir el último día del Congreso.

Por la tarde, los paneles giraron alrededor de la obra de José Moreno Arenas que tuvo un segundo bloque al día siguiente alrededor de Federico García Lorca, en el primer bloque hubo exposiciones de especialistas de la talla de Polly J. Hodge, Manuel Delgado, Eugenia Charoni, Adelardo Méndez.

El cierre de la esta jornada se llevó a cabo en la Universidad de USI donde nos ofrecieron una cena de gala y la representación en inglés de «El perro del hortelano» por la University of Southerm Indiana Theatre dirigida por Elliot Wasserman. Una propuesta ágil y fantasiosa donde el ritmo trepidante e ilusorio fueron los ejes de la propuesta.

La tercera jornada tuvo varios ejes, por un lado hubo nuevos paneles sobre autores como María Folguera, Juan Mayorga, María Velasco, Ignacio Amestoy Eguiguren y Adelardo Méndez Moya con reflexiones sobre su obra a cargo de Candyce Crew Leonard, Christopher Ray Alexander, Jerelyn Johnson, Juan Caamaño, Marilén Loyola, Helen Freear-Papio, Miguel Cegarra, Susana Báez Ayala, Ángela Martín Pérez, Carla Almanza-Gálvez, Pilar Martínez-Quiroga, Michelle Tennyson, Michela Depetris. Y otro eje fundamental fue el dedicado a La historia de la revista Estreno-Cuaderno del teatro español contemporáneo coordinado por Iride Lamartina-Lens y con la presencia y aportaciones fundamentales para conocer a fondo la trayectoria de esta publicación fantástica por parte de Komia Aggoor, Iride Lamartina-Lens y Phyllis Zatlin.

Más lecturas dramatizadas de textos y pulgas dramáticas nos condujeron al cierre que se realizó con la representación especial de «Federico, en carne viva» de José Moreno Arenas, propuesta arriesgada de Apasionaria Teatro en la que Elena Bolaños y Rubén Carballés realizaron un ejercicio virtuosista.

Una cena de todos los asistentes animada con música sefardí y bues de fondo fue la guinda de esta experiencia que tardaremos mucho tiempo en olvidar. Gracias a todos y todas pero sobre todo a ese Quijote americano llamado David Hitchcock y Ángela Martín Pérez que con su sonrisa y eficacia hizo muy fácil y agradable nuestra estancia y participación.

Pocas veces un evento que se realiza por primera vez, tiene los contenidos y actividades que en este caso hubo, mi admiración para el equipo que lo hizo posible y ahora, a soñar con nuevas utopías.

Adolfo Simón

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