La espuma de los días en el Teatro Español
Ahora está muy al día el teatro autobiográfico en el que el autor, con pequeños giros ficcionales, habla de si mismo y sus circunstancias vitales. María Velasco huye de esta fórmula para apropiarse del universo poético y existencial de Boris Vian, para a fin de cuentas, dejarse atravesar por la obra de este poeta que, a pesar de vivir al borde de la muerte, vive intensamente su final vital. Eso si, en ese epílogo de su existencia, se pelea con el mundo y con Paris…la ciudad del amor por excelencia que, para asombro de todos, se convierte en una postal vieja y acartonada. María Velasco construye un poema brutal escénico donde el amor es sinónimo de vacío, soledad y angustia. Una obra que entra por todos los sentidos, se puede escuchar o sencillamente, abandonarse al paisaje imposible que se forma y deforma ante nuestros ojos.
Adolfo Simón


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