El ladrón de sueños en el auditorio de Casasimarro
Suelo acudir a ver programación familiar en la cartelera madrileña, me interesa ver qué propuestas se crean para el público más difícil, ese que tiene en el patio de butacas a espectadores de 0 a 100 años. A menudo veo obras que pecan de infantiles en las que actores adultos imitan a personajes para que los niños participen de las historias que les cuentan; es como si al niño hubiera que mostrarle las historias desde una mirada adulta infantilizada. Creo que es un error pensar que los niños de hoy no están preparados para recibir y participar en historias complejas o ricas en su elaboración artística. Aprovechando viajes fuera de Madrid me gusta acercarme a ver propuestas que se presentan en pueblos con el único objetivo de deleitar a sus paisanos. Humildemente se embarcan en aventuras arriesgadas que son mucho más interesantes que las que se suelen ver habitualmente, primero porque conectan escuelas de diferentes disciplinas, música, danza, teatro y artes plásticas y se ponen a trabajar en común para llevar a cabo un proyecto colectivo, así hay un proceso de aprendizaje conectado con la creación de una música original a la que se suma un libreto, interpretación, coreografías, espacio escénico, vestuario e iluminación. El resultado es un musical original con música en directo donde los niños que participan han vivido un proceso de aprendizaje que desemboca en la representación de la obra. Esto que parece muy sencillo, es de una gran complejidad ya que es un proceso de meses donde participan no solo los artistas si no también los alumnos de cuatro a dieciséis años y sus padres. El teatro propicia entonces comunidad creativa y comunicación. Gracias Teresa Valeriano por haberme invitado a conocer en directo el trabajo que has desarrollado durante meses con un equipo ejemplar, enamorado de las artes escénicas y además, ver como el pueblo se vuelca en cada una de las funciones, un lujo.
Adolfo Simón


Deja un comentario