Solo un metro de distancia en Cuarta Pared
Una mujer pasea al atardecer por la playa. Se ve a sí misma disfrutar de la brisa, del rumor de las olas. Aparentemente está tranquila, en paz. Pero la llamada de su hermana rompe el delicado equilibrio en el que ha vivido: va a tener una sobrina. Y eso precipita un torrente de emociones. Una niña. Una niña pequeña. Una niña pequeña en su familia, en su casa. Vuelven a su mente multitud de recuerdos. Entonces esa mujer se enfrenta de pronto a su infancia, y a una decisión trascendental: revelar el abuso sexual que sufrió o permanecer en silencio. A lo largo de su periplo otras personas se verán implicadas, testigos más o menos próximos que buscarán entender una realidad incomprensible. Tiene muchas virtudes este montaje, por un lado, un texto con giros constantes que nos obliga a estar pendientes de hacia donde deriva la historia; por momentos queremos ser los guionistas que imaginan lo que podría pasar en la siguiente escena y nunca acertamos, la sorpresa aparece en cada línea escrita. Otra cuestión de interés es el ritmo y juegos espaciales durante la obra que por momentos se asemeja más al cine que al teatro. Y llegando a la escena, encontramos un tratamiento inteligente de este material, el autor da el relevo al director y este juega con las situaciones y los personajes generando un juego meta teatral en el que cuatro actrices se desdoblan en todos los hombres y mujeres que transitan por la historia para que llegue a nuestra cabeza y golpee nuestro corazón. Cuando estamos al borde del abismo en la butaca, nos paran y dan un nuevo giro hasta que surge el horror que hay detrás de la ventana metafórica del montaje. Siento haber visto esta obra en la última función, creo que tendrá larga gira y espero que los programadores inteligentes de Madrid, la vuelva a poner en escena.
Adolfo Simón


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