Días felices en el Centro Dramático Nacional
Parece una ironía este titulo en estos tiempos extraños en el teatro y en el mundo. Y es impactante que se abra el telón y aparezca una mujer semi enterrada en una montaña de escombros. Una obra que forma parte del gran teatro que escribió Beckett y que está dentro de la corriente del absurdo, hoy, es más realista que muchas obras que hablan del presente. Esa mujer podría ser la humanidad, el ser humano, el mundo…atrapado en una ciénaga que va tragándole poco a poco, sin remedio. La propuesta se ajusta a lo que propone el autor; he visto muchas versiones y poco difieren, tal vez los matices e intensidad en la interpretación. Aquí todo tiene un tono a medio camino entre el esperpento y la poesía. Una obra que debería estar en cartel siempre, porque habla de hoy y del ¿futuro?.
Adolfo Simón


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