Una costilla sobre la mesa: Madre
de Angélica Liddell / Atra Bilis en el 38 Festival de Otoño
“Ojalá tu vientre hubiera sido mi sepultura” solo por escuchar esta frase ha valido la pena esperar el regreso de Angélica…solo por este brutal deseo valió la pena ir con mascarilla al Canal, a esa peregrinación que ya es cada rito que ejecuta ella sobre un escenario. Si uno miraba alrededor, debajo del resto de máscaras se intuye al pijo morboso, al moderno de turno, al curioso de lo impredecible…y a los fieles seguidores de esta mujer que trasciende a los escénico para atravesar la frontera del horror y la belleza. Transita por el escenario como sobre montañas de niebla ensangrentada y despliega imágenes que acarician transgresión y poesía envenenada. Todo en la escena es paraíso hasta que ella irrumpe en él para lanzar todo al abismo. La crueldad y la fragilidad se tatúan en su piel, creando un nuevo cuerpo acariciado por lágrimas y gritos. Los monstruos salen a pasear de la mano de ángeles, creando universos llenos de trastornos delicados. El folclore copula con el rito y aparece lo inexplicable.
Adolfo Simón


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