Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«Mariana» de Luz Arcas en Dansa València.

En estos tiempos de tik tok, influencers y «me gusta» cuesta encontrar una experiencia que sea realmente vertiginosa y transformadora. He seguido desde hace mucho tiempo el trabajo de Luz Arcas, nunca me ha dejado indiferente, siempre me traslada a espacios y tiempos inesperados. En las últimas piezas en solitario está sumergiéndose en la memoria de su cuerpo y su cabeza. Viaja a sus raíces para recuperar lo innombrable, aquello que solemos olvidar porque nos duele demasiado. En «Mariana» parte de un recuerdo que tal vez vivió en la infancia y tirando del hilo de esos espacios donde se aloja el misterio, se sumerge en mundos inhóspitos, en territorios que nunca antes exploró.

Luz entra a lo oscuro de la escena con paso firme, acompañada de los integrantes que llenarán de música y cantos el lugar, para que ella los tatúe en su piel. Cuando la luz sutil emerge, ella está en el centro, flamenca, más flamenca que nunca… con los trastos en las manos…se acerca el precipicio de la escena y los brinda al público. A partir de aquí, aparece un nuevo integrante, una sombra alargada que me recuerda a Artaud…la sombra la sacude, la empuja…electriza su cuerpo y hace que su cabeza se descoloque. Lo que ocurre a partir de aquí es difícil de describir, aparece un rito que se encadena con otro, en una ceremonia catártica. Todo es despojado, a vista del respetable…ella se enfrenta al toro del mundo sin miedo ni vergüenza. Rito y ceremonia para conectar con otra dimensión.

Y de repente…todo enmudece, todo desciende y nos lleva a un mundo más artificial, nos ha trasladado de un tiempo ancestral a un momento que podría ser el hoy, donde todo es más aséptico…y aún así, su cuerpo sigue como una sonámbula transitando por el escenario, sin tiempo, sin límite…

Hay espectáculos que, en un tiempo de idiotas como el que vivimos, debería ser de visión obligatoria, para devolvernos el sentido de la escena como lugar sagrado.

Adolfo Simón

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