«Paraíso» en el Teatro Lagrada
Juan es un alto directivo de una empresa hotelera muy importante a nivel mundial, es competitivo, trabajador, marrullero, tacaño con los demás y duro. El texto comienza cuando le están trasplantando el corazón, siempre recibimos algo del donante…el corazón de otra persona latiendo en un cuerpo extraño es algo determinante. Y así comienza a sentir Juan, siente que hay cosas que se empiezan a mover en su vida sin razón aparente. Comienza a ser sensible a actitudes y situaciones en las que antes no se le hubiera movido ni una pestaña. Ahora sus ojos se empañan y no entiende por qué. Y su corazón, con su latido vibrante, le recuerda que está vivo, le recuerda que no es suyo, le recuerda que hay algo dentro de sí que no le pertenece.
Inmaculada Alvear-Bernabé escribe un texto que es mucho más que la exposición del cambio de carácter de un hombre por haber vivido la experiencia de un trasplante de corazón. La posibilidad de que ese nuevo órgano sea muy distinto al suyo, permite un juego muy interesante y es que, por una vez, podamos ver la dualidad de un personaje ante lo que se supone un tipo de vida cómoda y sin conflictos que era su día a día…para poder tener la conciencia de lo que supondría ser otra persona con unas circunstancias particulares, muy diferentes a las suyas; no daré más datos para no desvelar el eje de la trama.
Luis Miguel González Cruz ha entendido muy bien el planeamiento del texto y va desgranando poco a poco esas transformaciones del personaje, dosificando la evolución de la historia desde la dirección…y así lo afronta y defiende el actor, Chema Ruíz que despliega un amplio abanico interpretativo para sacar a la luz las sombras y luces del personaje.
Adolfo Simón


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