«En tierra extraña» en el Teatro Calderón
Termina en Madrid la larga vida que ha tenido este exquisito espectáculo. Termina en Madrid y en el Teatro Calderón, escenario de tantas noches inolvidables de la copla y el flamenco. Termina esta producción y, si viviéramos otros tiempos, seguiría viajando por todo el país durante meses y daría el salto a las Américas como se decía antes. No es habitual encontrar, en la actualidad, un montaje que reúna todas las cualidades que tiene este y, aunque el teatro estaba prácticamente lleno, pensé que, en otro tiempo, hubiera encontrado colas de público por la calle Atocha para sacar una entrada. No sé qué ha pasado para que olvidemos tan fácilmente lo que ocurrió en el siglo pasado en aquella España dividida que, tristemente, se asemeja mucho a la de hoy.
¿Por qué tropezamos tantas veces con la misma piedra?…
Pero no he venido a escribir sobre política sino sobre «En tierra extraña»; aunque el título se presta a pensar sobre cómo es de extraña esta piel de toro. El espectáculo tiene ecos de otro tiempo pero tratado contemporáneamente, ese ha sido uno de los grandes aciertos que ha provocado a un público que tal vez ya no confía en la cartelera de hoy. El boca a boca ha sido esencial, no conozco a nadie que haya visto el espectáculo y no lo haya recomendado. Por diferentes razones, no he podido acudir hasta la recta final pero ha sido emocionante verlo en el Teatro Calderón.
Poco importa si los acontecimientos que se narran en la obra ocurrieron así o si el autor ha jugado con la hipótesis para hablarnos de raíces, tradición, amor y traición…curiosamente el amor es lo que más se arraiga en la vida de las personas y la tradición, a veces, nos empuja a traicionarnos o traicionar al otro.
Juan Carlos Rubio tiene ya una larga trayectoria en la escena española, en esta ocasión, ha puesto todo su conocimiento al servicio de una historia donde los diálogos son la esencia, los tres personajes protagonistas tienen su mundo particular, su personalidad peculiar y en su habla y comportamiento se descubre como son y se disfrutan desde el patio de butacas.
Plantear que una historia transcurre durante un ensayo, cuando el teatro muestra sus entretelas, es un riesgo si no se sabe tratar bien ese despojamiento, aquí es un acierto que transciende en la escena final a un lugar mágico y emocional.
Parece sencillo hilvanar canciones con situaciones pero no lo es, hay que tener pluma ágil y aguda, cruzar la copla con el musical americano es todo un acierto aquí y nos muestra lo moderna que es nuestra copla y lo que pudo inspirar a otro tipo de musicales. Ahí hay un filón importante para aprovechar en estos tiempos donde todo se copia o duplica sin profundizar o personalizar.
Dejo para el final a los intérpretes y, sobre todo, a Diana Navarro…si estuviéramos en Estados Unidos, se diría aquella famosa frase de ¡Ha nacido una estrella!. Pero en este caso es mucho más ya que, a la voz maravillosa de Diana, hay que añadir a una actriz excelente, con gran dominio del drama y la comedia. Ella está genial, gracias al arropamiento que le dan sus compañeros…Alejandro Vera y Avelino Piedad que completando este triángulo tan peculiar.
Este viaje al pasado, al presente y…esperemos que no a un futuro tan incierto como plantea la obra, parece que termina, pero nunca debería decirse hasta nunca…si no…¡Hasta siempre!.
Adolfo Simón




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