Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«Tras los balcones» en el Teatro Fernán Gómez

TRAS LOS BALCONES DE ADOLFO

Un recorrido insólito, una experiencia ilusoria a través de un universo que nos deja a la intemperie de nosotros mismos, un espacio onírico y delirante a la deriva de lo que fuimos mientras estuvimos encerrados, un temblor.

Eso es Tras los Balcones. Eso y todo lo demás. Eso y lo que resta de un naufragio que nos dejó la cabeza aturdida y el corazón en un equilibrio imposible entre el encierro y la vida. Textos que surgieron de un retiro obligado transitan como cuchillos desafilados por los pasillos, los recovecos y los espacios de un teatro que se doblega ante la poderosa mente creadora de un hechicero: Adolfo Simón.

El hechicero saca a pasear a su tribu ancestral de fantasmagóricos personajes árbol que recorren todo el teatro y están presentes en cada rincón, para recordarnos que la naturaleza fue reina del mundo por unos meses. Alegorías del grito inclemente que la madre tierra nos lanzó a bocajarro en lugares inusitados y reflejo del dominio que tímidamente los animales intentaron recuperar mientras no hubo humanos. La narrativa de las instalaciones plásticas es implacable y bella, ahondando en las entrañas de la metáfora para darnos una bofetada de realidad incuestionable: no hemos aprendido nada.

Imágenes que surgen entre la bruma con la sensible fuerza brutal de un nudo en la garganta asaltan el subconsciente como espejos en los que reconocerse…

Palabras que resbalan por los poros y retumban en las venas… diálogos imposibles contigo desde el piso inferior del subconsciente amodorrado… escenas de vida incompleta que asaltan sin tregua el pecho…

Trozos, retales, espacios en blanco, sacudidas… Eso es Tras los Balcones.

Imaginad las tripas de un teatro al descubierto, imaginad recorrer cada lugar impregnando la mirada con escenografías imposibles preñadas de poesía, belleza desnuda y a veces agria. Imaginad además empapar los sentidos con textos que hablan de ti, de mí, de nosotros, de los que nos pasa, de lo que nos inquieta cuando estamos aislados. Imaginad que sois parte y os sacuden los cimientos con una sonrisa cómplice. Imaginad lo imposible. El hechicero lo ha hecho. Como un chamán disparatado, pero tan cuerdo que escuece,  ha hilado una bendita locura que no os dejará indiferentes, así que, dejad de imaginar y venid a verlo.

Pocas veces se nos ofrece la oportunidad de disfrutar del teatro de esta forma, una dramaturgia que es museo de arte contemporáneo, que es música, que es sonido, que es vídeo arte, que es poesía, que es danza… Un espectáculo que tienes que transitar, mirar, entender y acariciar con los sentidos para salir con la sensación de haber viajado en el tiempo y en el espacio.

                                                                                                                            Teresa Valeriano

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