«Pequeña Pamela» en Timbre 4
El caño del desagüe arroja una etérea cascada de aguas servidas. Es el límite de dos mundos: uno marginal y un inframundo fantástico. Esta tragedia se funda en el desamor, el desencuentro y la violencia. Pamela ama a Áyax, quien va detrás de un amor imposible mediante sórdidos asesinatos; los secuaces de Áyax traicionan y son traicionados. Una cíclope cumbianchera, el fantasma del tío gay y el coro oscilan entre estar dentro y fuera de la trama y de la muerte. En este universo proto-mitológico, lo delirante está hermanado con lo telúrico y el clasicismo cruzado por lo villero; todo esto nos acerca a pensar las complejas relaciones humanas contemporáneas.
Si algo es seguro en el circuito independiente de teatro en Buenos Aires es que no defraudará. Años después vuelvo a esta ciudad y transito por sus calles como un zombi, buscando ese bocado maldito de teatro que llevarme a la boca. Acudo a Timbre 4, el mítico lugar que también tiene sede ahora en Madrid. Pero aquí el aroma es otro, desde la entrada hay algo de pasaje a un mundo en desequilibrio. Miro el piano afinado que pide se le proteja, miro rincones y fotos por las paredes. Todo el público se ha ido acercando en un lunes, para vivir un tiempo de rito diferente; un lugar donde poder sentir sin límites.
El telón negro se desplaza para que atravesemos el escenario hacia la grada, hemos de transitar por el lugar de los sueños y pesadillas para poder sentarnos frente a la ¿irrealidad?. Y llega el oscuro, y el lugar se inunda de sombras, de seres de otro tiempo o tal vez del nuestro, para dejar caer sobre el precipicio del imaginario retazos de historias, fragmentos de vida y muerte. En un espacio acotado por dos plataformas y un grupo de neones ocurre todo…se ama, se mata, se huye y se vive al borde del filo de una navaja. ¿Nos hablan de una historia de otro tiempo o es la excusa para hablarnos de hoy?. Aquí hay poder y violencia… ¿Tiene una fecha y hora en la historia o desgraciadamente es nuestro día a día?… El elenco es brutal, salen como toros a una plaza, para dejarse la piel a jirones entre caricias y golpes. El equipo al completo ha puesto en pie un trabajo que nos reconcilia con el sentido profundo del teatro.
Adolfo Simón




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