Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«La vis cómica» en Buenos Aires

La inefable compañía teatral de Angulo el malo desembarca en la Buenos Aires virreinal ‒embarrada y contrabandista‒, buscando nuevas plazas para su repertorio. Pero no hay corral de comedias en la ciudad, la plaza no es pública y otro elenco de indecorosos improvisados acapara la tolerancia del Cabildo. Todo en cinco jornadas y contado por un perro dramaturgo. Kartun toma del Quijote a la funambulesca compañía y a su director Angulo. Y de las comedias ejemplares cervantinas a Berganza, su perro farandulero, para mirar a su través ese vínculo a menudo ruinoso entre el arte y el poder.

Cuando entro en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación me viene a la memoria la última vez que estuve en esta sala, para ver a Tato, ya nunca más le volví a ver en un escenario, andará por ahí haciendo sortilegios…y me invade una emoción particular, además, la propuesta escénica de La vis cómica tiene algo de rito ancestral y esencial…Apenas un trapo colgado al fondo, un baúl y dos rocas de atrezo. No hace falta nada más para hacer buen teatro, bueno…si, hace falta una adaptación inteligente que beba de antaño para atravesar el presente, que hable de la vida y del teatro…o del teatro de la vida. Y, por supuesto, unos actores que parece fácil lo que hacen porque tienen tablas, presencia y compromiso con la escena….y de fondo, una mano sutil que mueva los hilos invisibles de este guiñol fascinante. Un esperpento delicioso y sarcástico, un placer agrio y edificante.

Adolfo Simón

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