Ricardo III en el CDN
Ricardo III es un complejo y seductor laberinto de ficción. Al mismo tiempo, es posiblemente un auténtico documento de propaganda, que demuestra que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad oportuna. Entre la destreza del juego político, los intereses del complejo entramado genealógico y un voraz e insaciable deseo de tensión, William Shakespeare nos ofrece en bandeja un personaje virtuoso en el discurso, hábil en el disimulo y profundamente amoral, que intentará despedazar todo lo que se interponga entre él y el lugar donde se sublima su poder: el trono de Inglaterra.
El montaje que se está representando en el CDN continúa con el objetivo de que una pieza con diversidad de personas, forme parte de la programación habitual. En este caso, centrada en la lengua de signos para que desaparezcan las barreras entre la escena y el patio de butacas. Realmente, es una de las pocas veces en que, llegado un momento de la obra, desaparecen las diferencias para que todo se centre en la trama y, sobre todo, en el trabajo del elenco…un grupo de intérpretes con un trabajo de acting fantástico, hay imágenes poderosas que traducen mejor la tragedia que las propias palabras o signos en este caso. Se acerca mucho a lo que podría ser danza contemporánea o al trabajo físico que planteaba Meyerhold. Hay que agradecer el reto que se han propuesto este equipo para que, de una vez, lo que importe no sea asistir a una representación con diversidad si no al TEATRO.
Adolfo Simón


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