Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«Orlando» en el Teatro REAL

Inspirándose en el protagonista de la película Taxi Driver protagonizado por Robert De Niro, el director de escena Claus Guth lleva esta ópera barroca tan representativa de Händel a un contexto contemporáneo: Las consecuencias de la vuelta a la realidad de un soldado retornado tras la guerra de Vietnam. Un reflejo contemporáneo del perfil guerrero y heroico de Orlando con la partitura maestra del compositor alemán y las voces de Anna Prohaska, Christophe Damaux y Anthony Roth Costanzo.  


El poema épico Orlando furioso de Ludovico Ariosto constituye el sustrato literario que nutre nada menos que tres títulos —los otros dos son Ariodante y Alcina—, de Georg Friedrich Händel. La obra fue escrita para Senesino, celebérrimo castrato cuyas sobrenaturales habilidades pueden inferirse a partir de la variada gama de registros que la partitura demanda a su protagonista, en especial en la particular y exigentísima «escena de la locura» que cierra su segundo acto.

Con una trama que gira de forma casi exclusiva en torno a los celos —y la enajenación— de su protagonista a causa del afecto que su amada Angélica profesa al príncipe Medoro, la obra supone hoy en día un desafío mayúsculo para la dirección de escena. La celebrada propuesta de Claus Guth —consistente en convertir a Orlando en un veterano de guerra con estrés postraumático incapaz de hacer frente a la realidad— sortea con brillantez esta brecha, arrojando luz y proporcionando a la vez innumerables sorpresas a lo largo de un recorrido dramático que acaba convirtiendo en una vivificante terapia.

En estos tiempos en los que las guerras afloran día a día, creando horror a escasos kilómetros de nuestra residencia, la propuesta de este «Orlando» es absolutamente oportuna, mostrando los desastres que provoca una guerra no solo durante la contienda si no en las huellas que quedan una vez dejan de caer las bombas. La salud mental cada vez está más sobre la mesa, como un tema importante al que tratar a fondo ya que, en muchas ocasiones, determinados acontecimientos disparan la locura contenida en muchas personas y, para ello, no es necesario estar en primera línea de la batalla, muchas veces, los estragos mayores son los que viven aquellos que están en la retaguardia o, incluso, los que están lejos pero con la alerta de que, en cualquier momento, el horror se puede instalar en el propio territorio, en la casa, en la cabeza. Siempre se habla de lo terrible que son las guerras y poco se habla de lo que su sombra se alarga tiempo después. Este es el enfoque que se plantea en «Orlando»… ¿Qué heridas quedan y cómo sobrevivir a ellas tras el horror?. La puesta en escena es monumental en todos los sentidos y la orquesta eleva el dramatismo a niveles impresionantes…Pero, sobre todo, los intérpretes, en esta obra que tiene un formato muy teatral…están magistrales en cada uno de sus momentos escénicos, dejando claro que, desde los grandes escenarios, también se puede denunciar la insistente lucha del mal en manos del poder contra la paz.

Adolfo Simón

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