«Diario de invierno» en la Sala Dt
Sala DT
Diario de Invierno, de Adolfo Simón.
Teatro de objetos, objetos que hablan o la metonimia del caos.
Transitar por la poética de Adolfo Simón es asomarse a un abismo almibarado de tintes oníricos en donde los objetos encontrados se fusionan con los símbolos y la belleza. Aquí la plástica se mezcla con el relato y viceversa para dejar un extraño dulzor en la boca y una sensación de habitar otros cuerpos, otros lugares.
Varias mesas dispuestas en hilera, como senda o camino inescrutable se van llenado de una en una por objetos, sensaciones y miradas que las ennoblecen y las vulneran a un tiempo. Orquestado todo ello por la mano de un mago ilusionista y febril que en su delirio cuerdo va colocando como por inspiración divina cada metáfora en su lugar con sumo cuidado de orfebre. De una maleta, baúl o caja van surgiendo entre la bruma los pequeños tesoros que se colocan despacio en un ritual de hermosa calma hasta formar un todo que va surgiendo en la pupila del espectador como un cuadro enajenado, pero con la coherencia de las cosas que te cuentan historias mudas.
Eso es Diario de Invierno, eso y todo. Un viaje hacia el silencio interior que se deja acariciar por la sutileza de las cosas, lejos, muy lejos del ruido exterior que nos perturba. Un puente entre la vida y los sueños que nos invita a alimentarnos con las diferentes lecturas que provoca en el espectador, un camino.
Una vez más su creador, Adolfo Simón, nos ha hecho traspasar los límites de lo cotidiano, para encontrar la belleza sencilla de las cosas y los seres.
Teresa Valeriano





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