Cae el telón del 41 Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid
El último fin de semana del 41 Festival de Otoño se presentaron algunas de las piezas que tal vez han impactado más en el público que pudo disfrutarlas. Al ser muy distintas entre sí, me hace pensar que los espectadores de Madrid tienen ya un paladar variado y preparado para degustar propuestas diferentes y, en muchos casos, arriesgadas…
«INK» de Dimitris Papaioannou
INK, pieza alumbrada en 2020 al calor del encierro pandémico, plantea un formato más reducido de lo que hemos visto de este creador en Madrid en los últimos tiempos (The great tamer y Transverse orientation), pero la belleza plástica que propone tiene igual dimensión. En 2022 su creador la retoma y la reelabora para una gira internacional, saltando él mismo a escena, y esto cabe resaltarlo, porque no siempre se tiene el privilegio de ver en escena al propio Papaioannou, en este caso en un tour de force apasionado junto al impresionante bailarín alemán Šuka Horn. A Madrid llega tras su paso por Atenas, Milán, Roma, Montreal, Seúl o Barcelona.
Este montaje ha sido el broche de oro del Festival, una propuesta de poesía brutal, de planos contra planos, físicos y emocionales…Un universo nuevo que conecta el lenguaje personal de este creador, con el imaginario de los demás, provocando mil imágenes y ensoñaciones en su subconsciente.
«BEKRISTEN///TRÍPTICO DE LA PROSPERIDAD» de Luz Arcas/La Phármaco
Luz Arcas cierra el tríptico BEKRISTEN y lo muestra entero después de revisar sus dos primeras partes, La domesticación (estrenada en los Teatros del Canal en 2019) y Somos la guerra (estrenada en Conde Duque en 2021), y concluir con la tercera, La buena obra, que vive aquí su estreno absoluto, cimentando la estrecha relación con el Festival de Otoño, que co produjo y estrenó en 2020 su exitoso espectáculo Toná.
Con estas tres piezas, Luz nos empuja a tres abismos diferentes, al primitivo y social…al que necesita de la mística y lo desconocido…y finalmente, al último paisaje ante el fin del camino. Los tres lienzos se conectan y desconectan entre ellos…pero hay algo en la energía y la anti belleza que nos inquieta y atrapa en todos ellos.
«Double infinite. The Bluebird Call» de Mal Pelo
En un espacio casi desnudo, su mutabilidad se manifiesta a través de la iluminación, el sonido y los objetos en un trabajo minucioso sobre el detalle, la precisión del gesto, el ritmo y la intensidad del movimiento. Dos personas cercanas a los sesenta años se encuentran con la voluntad de preguntarse sobre lo que queda por imaginar y proponen un viaje sensitivo a través de sus dudas sobre cómo construimos nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestro lugar.
Mal Pelo, en esta ocasión con sus dos pilares, María Muñoz y Pep Ramís en escena, nos dejan entrar en su universo de dudas y desorientación. Una experiencia compleja e inquietante para ellos y también para el público, que asistió a una pintura en blanco y negro con diagonales rabiosas sobre partituras en bucle.
«Entrañas» de El Patio teatro
Entrañas es una íntima y delicada lección de anatomía, ha sido merecedora del premio Drac D’or a la Mejor Escenografía en la última edición de la Feria de Títeres de Lleida. Es en sí misma una caja de sorpresas, donde hay tarros y cajas que esconden todas las sorpresas que nuestro cuerpo esconde. Viejas ilustraciones donde los artistas retrataban nuestro interior a mano alzada cuando todavía no había tomografía axial computerizada ni Marie Curie empezó a vislumbrar lo que luego serían las radiografías.
De nuevo, esta compañía ha creado un cuento mágico que a veces viaja sobre palabras y en otros momentos, sobre objetos y materiales. Un cuento sobre el tiempo y lo efímero de todo…en nosotros, no solo en el cuerpo, también en nuestro imaginario y sueños. Una pieza exquisita que cerró perfectamente la edición de este año del Festival de Otoño.
Adolfo Simón


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