Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«Calígula debe morir» en la Sala Mirador

“Ella, mi hermana, mi amante, mi amor ha muerto, y ya nada, nunca, volverá a ser como antes. El terrible dolor que supone para Calígula la temprana pérdida de su hermana Drusila, desatará en su interior una rebelión metafísica contra el orden de las cosas. Si el mundo es absurdo, su gobierno también lo será. Se obsesionará entonces con lo imposible, con la luna… Se presentará a sí mismo como un dios y tratará, gracias a su poder absoluto, de pervertir todos y cada uno de los supuestos valores humanos. Y todo esto lo hará frente a la mirada impasible de su generación. Frente a nuestros ojos.»

Durante toda la función no podía dejar de pensar en todos los «Calígulas» que tenemos en el presente, cerca y lejos. En todos los locos que tienen en sus manos los hilos del mundo y, la verdad, no sé cómo se sostiene este gran teatro de títeres que es la humanidad. Un actor solo, en escena, se debate entre su propia locura y la de su personaje que, al tiempo, está preñado de un montón de fantasmas y de memoria de violencia…no justifica en ningún momento la tiranía ni el horror de sus actos pero sí nos muestra tal como va transitando hacia una muerte anunciada. Un ejercicio complejo donde el intérprete se desdobla en múltiples rostros para mostrar ese amor loco por el imposible, la luna.

Adolfo Simón

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