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Una reflexión sobre la individualidad masculina, la ilusión de control y la mierda de futuro digital que nos espera.
David Fernández plantea una pieza amable en principio usando toda la tecnología que nos invade en la escena y en la vida. Durante toda la performance asistimos a la experiencia virtual que el performer experimenta, es como si estuviésemos en su cabeza, mirando a través de sus ojos-gafas… tocando con sus dedos metálicos. También le acompañamos en su programación para experimentar sensaciones límite. Pero toda esta parafernalia en clave técnica perfecta, se desmorona cuando se llega al momento de impotencia por la imposibilidad de vivir sensaciones inútiles y emotivas como solo el teatro, como una acción viva puede propiciarnos. Un trabajo inteligente e irónico que nos debería hacer reflexionar hacia donde nos lleva tanto avance tecnológico…¿Tal vez al final de lo que hemos venido llamando «Humanidad»?.
Adolfo Simón


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