LA VERONAL «FIRMAMENTO» en CONDEDUQUE
Fácil y difícil. Entre estos polos opuestos se mueve el nuevo reto que Marcos Morau, director de la prestigiosa compañía La Veronal, se ha propuesto para su nueva creación «Firmamento». Por vez primera y de manera explícita, el colectivo de Barcelona se interesa por crear una pieza dirigida al público adolescente. La parte fácil es que su universo conocido, siempre fantástico y visualmente potente, ya de por sí llamaría la atención de cualquier chaval. Obras suyas como Pasionaria, con su gesto galáctico y sus seres extraños, o Voronia, viaje al infierno con su ascensor siempre bajando, no defraudarían a ninguna joven adolescente aficionada al cómic o las series fantásticas de las plataformas. Lo difícil es que, de entrada, los adolescentes de hoy son impredecibles. Les cuesta aceptar lo que es ajeno a su mundo y salvo ocasiones, creen que la danza lamentablemente no les pertenece. El reto se complica si, como es el caso de Firmamento, quieren hablarles de asuntos adultos como lo que significa la pérdida y el dolor que conlleva, pero por otro lado, también parece lógico, porque el nuevo público a conquistar está en un momento de su vida no menos complejo y complicado, en una transición en la que deja de ser niño para ser adulto, mezclando razonamientos de mayor con impertinencias de pequeño.
No recuerdo cuántos espectáculos he visto de La Veronal, con un poco de suerte, todos los presentados en Madrid y, aunque siempre está su sello personal, Marcos nunca crea una propuesta igual a otra, siempre da un salto vertiginoso en el lenguaje del espacio y otros elementos plásticos y, sobre todo, en lo que concierne al uso de los cuerpos, a veces bellos y sensuales…y en otras ocasiones, robotizados. En «Firmamento», inicialmente pensado para jóvenes, sorprende y conmueve a todo tipo de público porque nos enfrenta a un mundo tecnológico que podría ocurrir en un tiempo no muy lejano y en el que ya quedaría poco de lo que entendemos hoy como «humano». Asistimos todo el tiempo a un espectáculo aparentemente clandestino en el que parece que se generan nuevos modos de vida y en el que, lo virtual se adueña de todo…pero poco a poco…nos damos cuenta que ese espectáculo nos está mirando a nosotros y que, en el fondo, somos sus conejillos de indias. Un espectáculo sorprendente de principio a fin.
Adolfo Simón


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