«El Castillo de Lindabridis» en el Teatro de la COMEDIA
La compañía Nao d’amores, con más de dos décadas dedicadas a la creación artística, colabora de nuevo con la CNCT para llevar a las tablas un Calderón poco conocido, siendo además la primera vez que Ana Zamora aborda a este autor y también su primera incursión en el teatro barroco, tras años dedicada al teatro medieval y renacentista.
Este espectáculo propicia dos opciones para el público, una es disfrutarlo desde el patio de butacas y otra, la que he tenido suerte de experimentar yo, vivirlo en dos pequeñas gradas que hay en el escenario, alrededor de la propuesta escénica, a escasos centímetros de los actores y la acción. Desde este lugar, desde su cercanía, se puede apreciar cada detalle artesanal en los cambios de la escenografía, un juego que me recordaba a aquellos castillos que construíamos con piezas de madera y con los que disfrutábamos inventando aventuras de niños. Todo el espectáculo está lleno de guiños al teatro, ese juego de máscaras, de disfraces, de locura por ser mil y un personajes a partir de un pequeño cambio de vestuario o voz. Ana Zamora se ha mantenido fiel a un estilo que, aunque bebe del clasicismo, ha conseguido adaptarlo a unos códigos contemporáneos que han conectado con el público y la crítica de hoy, siendo una garantía de trabajo serio y comprometido. Este Castillo es una nueva muestra de ello, hay rigor, belleza, equipo de actores y músicos que interactúan todo el tiempo y que están conectados al máximo todo el tiempo. De lo mejor que se puede disfrutar hoy en Madrid.
Adolfo Simón


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