«El gran teatro del mundo» en la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Calderón de la Barca sabía perfectamente del gran poder del teatro para crear imaginarios hasta ese momento desconocidos. Hijo de la Contrarreforma, tenía que satisfacer las necesidades dogmáticas que la Iglesia de su tiempo imponía. El genio creador de Calderón intentó en innumerables ocasiones conjugar su obediencia a esos principios dogmáticos con elementos que elevasen la consciencia de sus espectadores a espacios más allá de la obediencia ciega y les permitiesen amplias cotas de reflexión, abrazando la naturaleza humana sin límites.
En el montaje que ha abierto la temporada nos encontramos con una versión ágil, casi en clave de cabaret, para mostrarnos la magia y posibilidades del teatro a través de un juego sencillo en el que los personajes «normales» se transforman en iconos mágicos frente al público. Una propuesta que derriba ese muro de intensidad que siempre ha tenido esta obra.
Adolfo Simón


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