Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«Eugenio Oneguin» en el Teatro REAL de Madrid.

Después de casi 15 años, esta obra maestra de Chaikovski que explora temas de amor no correspondido vuelve al Teatro Real. Una nueva producción de Christof Loy que conmemorará el 225 aniversario del nacimiento de Alexander Pushkin, autor de la novela homónima original. Escenas líricas en tres actos con música de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893) y libreto del compositor y Konstantin Shilovski, basado en la novela homónima (1931) en verso de Aleksandr Pushkin. Estrenada en el Teatro Maly del Conservatorio de Moscú el 29 de marzo de 1879 y en el Teatro Bolshói el 23 de enero de 1881 mñas tarde se estrenó en el Teatro Real el 7 de septiembre de 2010. Esta es una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con Den Norske Opera & Ballett (Oslo) y el Gran Teatre del Liceu.

La historia de amor y rechazo entre Eugenio y Tatiana, que finaliza en un duelo mortal tras el arrepentimiento de Eugenio de rechazar a su amada. La ópera explora temas de amor no correspondido y las repercusiones de decisiones impulsivas.  Puede que el realismo pequeñoburgués –casi chejoviano– que constituye uno de los puntos fuertes de este título se deba no tanto a un giro estético deliberado, sino a la adaptación del compositor a unas condiciones relativamente modestas, Eugenio Oneguin no reclama vestuarios históricos ni decorados exóticos u ostentosos; su acción –muy limitada– se desarrolla principalmente a través de simples conversaciones, pero a cambio se asoma al interior de sus personajes con una intensidad tan veraz como turbadora. Eugenio Oneguin llega en una sobria producción de Christof Loy, que encierra a sus protagonistas en un espacio minimalista, elegante y claustrofóbico sobre el que proyectarán –como si de una página en blanco se tratara– sus neurosis y sus heridas emocionales.

Siempre es un acontecimiento el estreno de una ópera, la monumentalidad de las escenificaciones es un placer inmenso para los sentidos. Todo es excepcional, la música en directo, la puesta en escena con todas las artes en juego…el elenco de cantantes, siempre de gran calidad al que se suma el coro… todo genera una complejidad escénica inmensa. En cambio, hay óperas o más bien, planteamientos de cómo contar la historia, que reducen la espectacularidad en función de extraer a los personajes el máximo de emoción, en esas ocasiones, el viaje para el público es más profundo, la teatralidad se instala y lo que surge en escena es una obra de teatro que flota sobre la música. Este es el caso de Eugenio Oneguin, una pieza que nos recuerda a Chejov, a ese mundo de seres torturados por el amor, que son capaces de cualquier cosa por amar aunque la torpeza les lleve a la más absoluta soledad. En este nuevo estreno en el Teatro Real, hay una oportunidad de experimentar sensaciones inmensas ante un paisaje de belleza inconmensurable.

Adolfo Simón

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