«Los brutos» en la Sala Francisco Nieva/CDN.
‘Violento, rudo, carente de miramiento y civilidad’, esa es la definición de bruto que da la RAE. Y así es, de alguna manera, el mundo de Nito: el barrio donde vive, la gente que lo rodea. Por eso, su entrada en la escuela de cine para estudiar guion lo lleva a dar un salto hacia otra vida, artística y sofisticada.
Vamos al teatro para que nos cuenten historias, no importa si son verdad o mentira, si tienen un principio potente o un final flojo, la clave está en que nos lleven a otro lugar, más allá de nuestra realidad; seguro que es el mejor antídoto para evadirnos y reconciliarnos con nuestra biografía. Bruto es alguien brusco pero también es el material con el que se encuentra el montador de cine y sobre el que ha de seleccionar para dejar los mejores fragmentos en la cinta final, sin duda, el montador es una pieza clave para que la historia tenga sentido, emocione y nos haga vibrar, como pasa en este «montaje», lleno de momentos de mágica poética.
Adolfo Simón


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