«Los yugoslavos» en el Teatro de la ABADÍA.
En Los yugoslavos todo empieza cuando un camarero pide ayuda a un cliente a quien ha visto levantar, con palabras, el ánimo de otro. Lo que el camarero ruega a ese desconocido es que hable a su esposa, la cual parece estar hundiéndose en la tristeza y el silencio. El camarero espera que el cliente descubra las palabras salvadoras que él no es capaz de encontrar para su mujer.
Las obras interesantes son aquellas que aparentemente no tienen una gran trama y, sin embargo, permiten que haya espacios misteriosos, diferentes niveles en lo discursivo. En «Los yugoslavos» hay personajes corrientes que ocultan historias personales con las que construyen su vida, inventando un universo complejo a pesar de la sencillez de su mundo. Este tipo de texto es muy peligroso porque propicia un tratamiento superficial, para evitar esto, lo más importante es contar con un elenco que se implica y sumerge en lo que pasa y también, en lo que ocurre entre líneas. El equipo de actores está en estado de gracia, no hay nada desafinado, ni en lo cómico ni en lo trágico. El equipo artístico está conectado en el mismo tratamiento de la escena y funciona muy bien. Y acompañando este viaje, el director que también es el autor solo tiene que acompañar a este equipo potente, dando un resultado potente, de esos que se recuerdan al salir del teatro.
Adolfo Simón


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