Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

«El Dios de la juventud» en el Teatro Pavón.

Concluida su obra más perfecta, Amalia se entrega irrevocablemente al suicidio. En ella constata que no tiene sentido seguir viviendo cuando ya solo queda envejecer. Sabe que nunca podrá escribir nada mejor y ha decidido ser consecuente y suicidarse. Antes de que esto ocurra se encuentra con Mateo, un joven idealista que ha caído perdidamente enamorado de ella. Juntos compartirán un viaje en tren.

Ese viaje en tren, como todo lo que ocurre en la imaginación de un autor, será un trayecto por el laberinto de sueños, deseos y miedos. Un montaje de producción potente dentro de lo que estamos acostumbrados últimamente en escena; la crisis trajo el monólogo como eje de la escena, en este caso, cuatro interpretes se desdoblan en un montón de personajes y la escena se transforma constantemente para construir todos los espacios y mundo precisos para narrar este sueño imposible de vencer a la vejez y el miedo a perder la imaginación.

Adolfo Simón

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