«Un Dios salvaje» en el Teatro Alcázar.
Dos parejas se reúnen. El hijo de una de ellas, de tan solo nueve años, ha golpeado al de la otra en un parque. Deciden quedar para arreglar el asunto de la forma más cívica posible. Benévolos y conciliadores mantienen un discurso común de tolerancia y comprensión. Con la misma sutileza con la que se comienza su conversación, se va iniciando un cambio de actitud entre ellos. Ese ligero cambio lleva a otro un poco mayor hasta desembocar en un enfrentamiento abierto que deja de lado cualquier civismo. Ambas parejas defienden su territorio hasta que la lucha comienza entre ellos mismos. Todos contra todos.
«Un Dios salvaje» no es tan conocida como «Arte» de la autora Yasmina Reza pero, seguramente, es la que más se puede entender en estos tiempos donde, el ser humano, parece que ha llegado al máximo de su evolución cuando, en el fondo, sigue aletargado el animal salvaje en nuestro interior, esperando cualquier excusa para salir a flote. Aquí, en esta nueva producción, el reparto es esencial, los cuatro están jugando progresivamente para desvelar la cara oculta de cada personaje, algo que, sin duda, es gracias a la buena dirección.
Adolfo Simón


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