«La última noche con mi hermano» en el Teatro María Guerrero (CDN)
Es necesario que un tema como la muerte sea tratado sin dramatismo y si es con buenos actores, aparecen otros mundos que no tienen que ver solo con el fatal desenlace. Hay algo inquietante en el montaje y es un juego escénico por el que el espacio y tránsito de los personajes diluye las habituales separaciones de escenas y situaciones, una vez entendemos el código, es un placer ver que cada mueble u objeto sirve para múltiples posibilidades; el juego en el teatro siempre ha tenido este seña como clave. La obra nos permite seguir el final de la protagonista sin amargura y dolor excesivo, algo que para el público es, de algún modo, sanador.
Adolfo Simón


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