«Grito, boda y sangre» en el CDN.
Dos adolescentes sordas se quedan solas en un aula de su instituto, mientras el resto del grupo asiste a una función no accesible. Deciden que, si ellas no pueden ir al teatro, el teatro ha de acudir a ellas. Improvisando con textos de Lorca, lo que empieza como un juego, se convierte en un viaje onírico, donde el aula se transforma y la poesía cobra vida: la pizarra revela ilustraciones del poeta, los objetos se metamorfosean y los límites entre realidad y ficción se desdibujan.
Ya se ha conseguido un objetivo soñado desde hace tiempo, que se programe una obra para personas con diversidad funcional o no en la programación general. En este montaje, nadie queda excluido, el uso de múltiples lenguajes permite que sigamos la acción y la historia sin problema. Es un logro que una obra de teatro no tenga límites en su discurso ni en su forma.
Adolfo Simón


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