Amar de Alejandro Catalán en el Festival de Otoño a Primavera
En el espacio escénico hay dos sillas, una rama de árbol, unos trípodes de micrófono y unas linternas. Entran seis actores, tres hombres y tres mujeres, vestidos como para salir de copas. A partir de esto, poco puede imaginarse de lo que allí sucederá. Pero bastará que la luz se apague y que alguno de los actores, iluminado por otro con una linterna, comience a actuar, para que el proceso de sus seres nos introduzca, capture y lleve por el derrotero de una noche intensa y descarriada. Amar, bajo la batuta de director argentino Alejandro Catalán, es una propuesta de actuación cruda y real, donde todos los procedimientos espaciales, lumínicos y sonoros son ejecutados de manera manual y visible a los ojos del espectador, sin que esto atente contra la ficción de la escena. Es más, la ficción saldrá incluso reforzada. El juego actoral se desarrolla de la mano de seis intérpretes que, durante una noche, deambulan por el bosque, una pista de baile, un bar y el mar. ¿Por la vida, quizás?. Amar es un malabarismo actoral y una obra. Es el truco de unos magos que revelan que actuar no oculta nada. En este trabajo hay muchos elementos de interés, el trabajo actoral por supuesto pero también toda la poética donde se instalan los intérpretes. No es lo mismo tener un escenario donde sales a «actuar» a tener un espacio construido a la medida de las emociones que se van a desarrollar allí y para el que los actores han de manejar hilos invisibles con los que sensibilizarse entre ellos. Hay una propuesta sencilla en apariencia en lo que concierne a la luz, sonido y espacio escénico pero es de una complejidad exquisita. Y todo esto lo ha liderado un hombre de teatro que escribe y dirige desde la esencia para conseguir teatro en estado puro.
Adolfo Simón


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