A solas con la realidad en La casa de la portera
Los lunes y martes del mes de noviembre hay dos razones para salir de casa al atardecer y dejar la televisión apagada. Porque en el sofá no vamos a encontrarnos con la realidad a través del mando a distancia, siempre está distorsionada en ese medio. En cambio, en La casa de la portera, hay dos piezas de teatro: Dos Ninas para un Chejov y La vida en blanco donde uno puede sentir un latido intenso de vida. Allí siempre pasan pequeños milagros pero en esta ocasión, la realidad, tal vez, más que nunca, se pega a nuestra piel. Lo atractivo de Dos Ninas…es el juego pirandelliano que se establece a través de las dos actrices, Miriam Montilla y Andrea Trepat, que supuestamente están esperando para realizar una prueba…y de golpe, el público ya no es lo que parece ni las actrices están esperando a la ficción si no a la vida…Y ese juego, ese laberinto entre la vida y la ficción es muy sugerente. En La vida en blanco asistimos impúdicamente a la disección del alma de una mujer que se siente atrapada en una red de miedos y recuerdos. Ana Rayo realiza un ejercicio actoral de gran altura, por momentos parece sumergirse en la piel de Doña Rosita o la protagonista de Háblame como la lluvia…o de la espléndida película…Calle Mayor. No dejéis que vuestra vida se quede en blanco, escribid líneas de realidad y emoción escapando a la portería un lunes o martes de este mes.
Adolfo Simón


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