El público de Federico García Lorca en el Teatro Real
Siempre es una buena noticia que se estrene una obra lírica española y más si está inspirada en un texto como El público. Cuentan que cuando Lorca le enseñó a Dalí su poemario del Romancero Gitano, el pintor, le hizo una crítica tan destructiva por lo popular de la obra que el poeta entró en crisis y se marchó de viaje a América. De ese viaje volvió con unas experiencias transformadoras y quedó constancia de ello en Poeta en Nueva York. Su obra ya no volvió a ser la misma, ya estaba escrita en otro papel y con otra tinta. El surrealismo se alojó en su cabeza y de ahí surgieron sus piezas más transgresoras y modernas; si Lorca no hubiera sido asesinado, habría sido el precursor de muchas corrientes dramatúrgicas que marcaron la segunda parte del siglo XX. El silencio que instauró la dictadura española hizo que su obra quedase dormida durante décadas. El propio Lorca no quería que El público viese la luz; seguramente era consciente de lo adelantado que era este texto para su tiempo, aún hoy, es un misterio para muchos y hay que ser muy atrevido para enfrentarse a él. Pero hay que intentarlo, El público no puede quedarse sin subir el telón. En la ópera que se estrena en el Teatro Real hay todos los medios y elementos necesarios para hacer una gran obra de arte. Tal vez se ha pecado en la primera parte de permitir que la obra se sumerja en algunos pasajes con aroma flamenco, no sé si Lorca reconocería esos rasgos en su texto. La segunda parte vuela mucho más y la puesta en escena salta a otras dimensiones plásticas y poéticas, más libres y abstractas. Aún así, un equipo espléndido se deja la piel en todos los frentes de este monumental proyecto que deja constancia que nuestros artistas pueden acceder a los templos internacionales de la opera.
Adolfo Simón




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