Nuestro hermano en La Casa de la Portera
La desaparición de los progenitores suele ser, casi siempre, una situación propicia para guerras familiares. Los herederos se convierten en buitres que se abalanzan sobre los cuerpos calientes, para apropiarse de sus pertenencias. Hay una obra mítica en el teatro contemporáneo español…Hay que deshacer la casa de Sebastián Junyent; en ella dos hermanas ajustan cuentas personales mientras reparten los bienes que dejaron sus padres al morir…Una obra llena de pequeñas sorpresas y batallas humanas. En Nuestro hermano se parte de la misma situación, unos hermanos que han de repartir la herencia de la madre muerta…pero…una vez planteada la situación dramática, no evoluciona. Da igual que vayamos de una habitación a otra, el conflicto se ha estancado y se confunde tensión con gritos. Los personajes con deficiencia mental funcionan muy bien en escena pero a un palmo del espectador hay que cuidar la composición del mismo para que sea creíble y se entienda lo que dice.
Adolfo Simón


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