La pechuga de la sardina de Lauro Olmo en el Centro Dramático Nacional
La educación emocional es muy importante para hacer libres a los seres humanos en según qué momentos políticos de los países, no obstante, hay situaciones en las que lo que menos importa en poder alcanzar los deseos si no sobrevivir. La pechuga de la sardina de Lauro Olmo nos sitúa en un momento de nuestro país en el que éramos animales encerrados en jaulas aunque viviésemos en una supuesta libertad. La acción se instala en un espacio reconocible por todos, esas pensiones de ciudad de provincias o capital en las que casi se hacinaban las personas de paso o instaladas allí, huyendo de la realidad o de sí mismas. En esas jaulas de laboratorio, como muy bien planteado está en la puesta en escena de Manuel Canseco, viven y sobreviven una serie de personajes que corresponden, de algún modo, a los perfiles de los individuos que trataban de construir un futuro mejor aunque fuese incierto. Pero ya se sabe que allí donde se trata de instalar belleza o vida…aparece la negrura o la tiranía que pudre raíces, impidiendo que los árboles crezcan y den sombra. Un pieza escrita en un tiempo concreto, sobre esa realidad…que se parece demasiado a la nuestra de hoy en día.
Adolfo Simón

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