Gasoline Bill de René Pollesh en Una mirada al mundo del CDN
Gasoline Bill, última creación de Pollesh para el Kammerspiele de Munich redunda en estas características propias de su teatro: los grandes temas son algo del pasado; el texto es presentado como un proceso colectivo y como un mosaico sin orden aparente en el que cuatro actores en estado de gracia nos hacen transitar en clave de humor a veces desenfrenado, por todas las pequeñas obsesiones del hombre actual (y del actor actual), y que podríamos resumir en una frase del texto: «he salvado dos delfines gracias a mi voluntariado en Greenpeace, y aun así, no consigo dejar de estar triste…». Hay espectáculos que parecen un caos, un cúmulo de frivolidad y poca elaboración en el discurso y la forma, pero a veces, este aparente desorden no es más que una decisión firme de cuestionar precisamente esos trabajos en lo que todo es vacio y falto de compromiso ético. En Gasoline Bill se habla y habla sin decir nada, se hace y vuelve a hacer cosas que no tienen ningún sentido y se entrega el alma para nada, vamos, lo que pasa en muchos espectáculos pretenciosos donde hay mucho ruido y pocas nueces. Una obra viva en todos los sentidos.
Adolfo Simón


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