Revista digital de Artes escénicas -Año 12º-

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Drogas, caviar, violencia y fluorescencia en DT

Finales de los años 90. Damien Hirst y su tiburón tigre de más de 4m en formol impactan en el arte contemporáneo y en la sociedad en general: «La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo». Un container de 22 toneladas de peligro, desmembramiento inminente, el aquí y ahora inmediatamente anterior a la muerte. Regocijémonos en ello, revolquémonos en el abismo de la muerte con toda la efervescencia de la vida.
Y en esa búsqueda están Teatro Xtremo (Luisa Torregrosa, Diana Lucena y Ricardo Campelo, también director de la pieza; de Jaén) en su propuesta escénica homónima a la obra de Hirst. Cocaína, éxtasis, MDMA, caviar, champán, neón, erotismo, violencia y fluorescencia, fuertes ingredientes combinados aquí y ahora, con sopa Campbell e indigestión incluidas. Tres actores en escena y una cámara de vídeo que éstos van reposicionando y proyectando durante la hora escasa de función. Muchas sustancias que abren muchas puertas a la imaginación y sensorialidad, pero que dejan al morbo preparado y listo en el dintel.
Me pregunto si es mi referencia del mundo, mi geografía quizás, si la evolución de la conciencia colectiva, si el apetito malcriado de una sociedad acostumbrada al morbo de cinco jotas en los medios de comunicación lo que me deja con ganas de un plato más fuerte o simplemente se trata de un tipo de espectáculo cuya efectividad ha ido decayendo desde los locos años 60.
A Damien Hirst le funcionó muy bien descontextualizar al bicho, a lo mejor Teatro
Xtremo sacarían también provecho de ubicar esta ilusión de performance en, por ejemplo, un escaparate de boutique donde los calcetines compitan en precio con el caviar.

Quique Rojaslaimposibilidad


Liberación mediante la comprensión en el estado intermedio de Teatro Xtremo en la Sala DT

Teatro Xtremo propone al público una situación de voyeur, en sus performances exhiben momentos privados estimulados por sustancias que les ayudan a conseguir estados y atmósferas delirantes. Aquí, los cuerpos son lienzos donde se pinta y mancha sobre la marcha, bajo el ojo perpetuo de una cámara de video. Una performance en sentido inverso, que reconstruye el viaje desde el caos al orden.
Adolfo Simón

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